Felix Luis Viera

Félix Luis Viera, uno de los mejores escritores cubanos

Félix Luis Viera es un poeta, cuentista y novelista cubano-mexicano. Nació en el corazón de la isla de Cuba, Santa Clara y vive en México hace más de una década.

Viera cuenta con una reconocida trayectoria literaria. El libro de cuentos Las llamas en el cielo (1983) es considerado un clásico de la literatura cubana. Ganador de varios premios: Premio David de poesía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1976) por su obra Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia. La novela Con tu vestido Blanco obtuvo el Premio Nacional de Novela de la UNEAC  en 1987 y el Premio de Nacional de la Crítica en 1988. Ya había recibido ese renombrado galardón en 1983 por su obra En el nombre del hijo, este premio se concede en la Isla a los mejores libros de cada año. Pero tal vez el homenaje más lindo es el que le han otorgado sus alumnos y admiradores al crearle una página en Facebook.

Eriginal Books acaba de publicar una nueva edición de Un ciervo herido, controversial novela que aborda el tema de las tristemente célebres UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), la mejor obra que se haya escrito sobre ese tema. Es una nueva edición revisada por el autor con una bellísima portada del artista gráfico mexicano Ignacio Meza.

Ha sido una grata experiencia trabajar con Viera. Es un escritor magnífico, con un increíble sentido del humor y la humildad característica de los verdaderos talentos.

Un Ciervo Herido es el único libro que conozco sobre la UMAP que trata de dar una voz a los victimarios de esos campos de concentración. ¿Por qué buscaste ese enfoque?

 No es justo en una novela omitir a la “otra parte”. Un novelista puede mentir en su obra —de ficción, pero que puede ser más atendida en el futuro que la historiografía. Y en la historiografía se puede enmendar la plana, pero en la ficción no. Si se miente, ya sea por omisión o de otra manera, en la ficción, la mentira es para siempre. En fin, en la creación narrativa, también vale toda la imparcialidad posible.

Algunas críticas anteriores han dicho que en Un Ciervo Herido “se confunden muchas veces las víctimas y los verdugos”. ¿Qué deseas comentar sobre esa perspectiva?

Los verdugos también eran víctimas. Víctimas de lo que ellos creían que era lo justo, o lo necesario para “alcanzar el porvenir luminoso de la patria”. Claro, hay hombres que gozan siendo verdugos de cualquier causa, y eso es otra cosa.

Fuiste una de las víctimas directas de la  UMAP,  sin embargo no percibo odio en la narración, tal vez consternación. ¿Estoy errada en eso? ¿Guardas odio a los “sargentos” o a alguien que no puedas perdonar?

 No, no guardo odio a nadie en particular ni a ninguna personificación digamos. Eso sí —y esto se vincula con la respuesta anterior y pareciera una contradicción— recuerdo con desprecio a los que aquella coyuntura les permitió ejecutar su condición de abyectos.

¿Los años de experiencia hacen que te sientas más seguro a la hora de escribir o te imponen más prudencia?

 Me imponen más prudencia, y más angustia.

¿Tienes algún método a la hora de escribir ficción o poesía?

 Tanto en lo que se refiere a la poesía como a la ficción (bueno, la poesía también es ficción), escribir por la mañana, y asegurarme de que exista el más rotundo de los silencios a mi alrededor. Antes he tomado notas que se avivan. En cuanto a la novela, darle todos los días a la hora dicha; uno se va calentando en la medida que tropieza y avanza, la inspiración no existe.

¿Cuál ha sido el personaje o la escena que más dificultad te ha tocado perfilar o describir?

   La escena: el capítulo de El corazón del rey donde el gran Robertón Pérez es sorprendido en una habitación del hotel Santa Clara Libre, en la cual se ha metido subrepticiamente con Carlota B. El personaje: Carmen de los Ángeles, de la novela Serás comunista, pero te quiero.

¿Te has sentido influenciado por algún escritor o escuela en particular?

   No, porque soy suficientemente juglar. Estoy agradecido de los tantos escritores chiquitos —que en ocasiones en verdad son los grandes—y grandes que he leído. Las “escuelas” son cuentos infantiles.

De todos tus libros ¿tienes alguna obra favorita?

   No. Los libros que uno publica son malos hijos porque te obligan a ser mejor cada vez. El favorito debe ser el que está por escribir. Pero si me preguntaran cuál de mis libros guardo de mejor manera en el recuerdo, diría que Las llamas en el cielo y Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia.

¿Tienes algún nuevo proyecto entre manos?

   Una novela en cuatro planos, La sangre del tequila, que ya con este título creo que todo queda dicho.

¿Algún consejo a los jóvenes escritores?

 Que no se detengan nunca, sólo eso podrá salvarlos.

Si no hubieses sido escritor, ¿qué otro oficio te hubiera gustado ejercer?

  En Cuba, hace tiempo, a igual pregunta respondí “cantante, pelotero o dirigente”. Claro, era una burla que me trajo problemas con un señor que era primer secretario del partido comunista en Villa Clara. Tomás Cárdenas, se llamaba ese hombre, uno de esos seres que si se caen en un potrero dejan a las vacas sin yerba.

   Bueno, contestando tu pregunta: ningún otro oficio.