La novela “Memoria del Silencio”  de Uva de Aragón será el próximo lanzamiento de Eriginal Books en Amazon.

Cualquier síntesis biográfica de Uva podrá decir que es una escritora prolifera que ha cultivado todos los generos literarios; o que es ganadora de varios premios literarios en Estados Unidos, Europa, y, muy joven, en su Cuba natal.  Pero lo que no se menciona en ese tipo de documento es la excelencia de Uva como narradora y su finísimo olfato para descubrir en medio de la más inverosimil situación “lo cubano”.

He aquí la reproducción de uno de sus artículos en el Diario de Las Americas. Juzquen ustedes por si mismos.

El Waldorf-Astoria y tres cubanas

Por Uva de Aragón

El Hotel Waldorf abrió sus puertas en 1893 en la Quinta Avenida y la Calle 34. Cuatro años después el Astoria se inauguró con cuatro pisos más. Los dueños, William Waldorf Astor y John Jacob Astor IV, eran primos y el arquitecto construyó el segundo edificio de modo que se comunicara con el primero. Se convirtió así en el Waldorf-Astoria y en el hotel más grande de su época. Además, la calidad del servicio alcanzó niveles de excelencia antes desconocidos. El hotel dejó de ser un lugar de tránsito para convertirse en un centro social. Hasta nuestros días, es un lugar emblemático de Nueva York.

El edificio actual en 301 Park Avenue, de 47 pisos y estilo Art Deco, se construyó en 1931. Cuenta también con The Waldorf Towers, con suite y apartamentos de lujo y entrada privada. Todos los presidentes de Estados Unidos del siglo 20 y 21 se han hospedado allí. Es más, se trata del único lugar en Nueva York donde se hospedan los presidentes. Otros huéspedes famosos han sido la reina de Inglaterra, el Sha de Irán, el duque y la duquesa de Windsor – que por muchos años mantuvieron un apartamento en The Towers. También han vivido en el Waldorf personajes tan disímiles como el general Douglas MacArthur, el gangster Charles “Lucky” Luciano, la actriz Marylin Monroe y el famoso compositor Cole Porter, que incluso le compuso una canción, “You´re the Top”, y murió allí en 1934. El piano de Porter puede verse aún en el lobby.

Eventos importantes se han llevado a cabo en el célebre hotel. Por ejemplo, en sus salones muchos de los familiares de los pasajeros del Titanic esperaron las noticias sobre el destino de sus seres queridos. John Jacob Astor IV, que unos años antes había construido el Astor Hotel, pereció en el trágico hundimiento, mientras que su esposa, Madeline, con siete meses de embarazo, fue una de las sobrevivientes.

En 1926 la primera transmisión del National Broadcasting Company tuvo lugar desde los salones del Waldorf. En el 48, en una conferencia de prensa, se introdujo el primer disco Long Play (LP). El Waldorf favoreció socialmente a las mujeres, pues fue el primer lugar de esa categoría que les permitió entrar sin un acompañante masculino. Sin embargo, a pesar de que Jesse Owens ganó cuatro medallas en las Olimpiadas de 1936 en la Alemania Nazi y lo agasajaron con una parada en New York, tuvo que utilizar el elevador de carga del Waldorf para asistir a la recepción en su honor, debido a las normas segregacionistas del hotel.

Oscar Tschirky, el famoso maître d´hotel, creó la ensalada Waldorf, con manzanas, nueces, apio y una salsa con base de mayonesa. Hay infinidad de escenas filmadas en el Waldorf en películas como The Out-of-Towners, Coming to America, Scent of a Woman, The Pink Panther, Maid in Manhattan y muchas más. El hotel aparece en poemas, novelas, episodios de televisión, anuncios, hasta juegos de video.

Tan famoso es el Waldorf-Astoria que muchos turistas toman un tour del hotel para conocer su historia y admirar la arquitectura y decoración. No hay quien resista tomarse una foto junto al reloj original que aún adorna el centro del vestíbulo, siempre un lugar de movimiento y encuentro. Pero sobre todo, el Wadorf es famoso por su elegancia y su servicio. Su lema es “Nada es imposible en el Waldorf”.

Cuando hace unas semanas buscaba un hotel donde hospedarme dos noches con mis hijas, a quienes había invitado a pasarse un fin de semana en la Gran Manzana, me di cuenta de que en Manhattan es difícil encontrar una habitación para tres personas. Para mi sorpresa, el Waldorf tenía un especial y un precio bastante razonable. No lo dudé, pues quería que el viaje juntas fuera muy especial.

Antes de marcharnos el pasado viernes por la mañana, mi yerno Raúl paró en una dulcería para obsequiarnos algunas cosas de comer. Aún quedaba la mitad cuando entramos al impresionante lobby del Waldorf, donde tres personas distintas nos dieron la bienvenida con tono tan ceremonioso como si fuéramos reinas. De pronto cobré conciencia de estas tres cubanas en medio del vestíbulo del lujoso y famoso hotel con una caja de pastelitos y croquetas cubanas. Nos retratamos y nos reímos tanto de nosotras mismas que no conseguíamos parar. El viaje había comenzado bien.