Alfredo Conde

Alfredo Conde, escritor gallego y activo promotor cultural de su Galicia natal.

Alfredo Conde parece el nombre de un personaje de novela. Tiene notoriedad. Es un nombre que pega, fácil de recordar, pero aunque su vida puede ser tema para un buen libro de ficción es un ser real, de carne y hueso. Alfredo Conde es un escritor gallego de renombre mundial, propuesto para el premio Nobel, traducido a varios idiomas y con tantos premios a su favor que mencionarlos todos haría muy largo este artículo.

Lukumí, novela de Alfredo Conde

Lo traigo a colación como un brillante ejemplo de caracterización de un personaje. Conde usa  el clásico  enfoque de mezclar elementos físicos con psicológicos. A diferencia de la técnica del sueco Stieg Larsson, quién yuxtapone acción, descripción física y psicológica (Ver La prostituta con un corazón de oro,  I parte), Conde se concentra en los elementos reflexivos para la presentación del personaje principal de su novela Lukumí: Esteban, un mulato cubano, hijo de un gallego con una bailarina del famoso cabaret Tropicana.

Yo era mitad blanco, mitad negro y sospechaba que no había heredado ninguna de las virtudes que cabría esperar que fuesen mías. Mi padre no descendía de ningún conquistador. Mi madre era bailarina, mi abuela medio bruja, tan sólo mi tío era un aguerrido guerrero lukumí, un atleta, al que yo no me parecía en absoluto. ¿Quién era yo y qué era lo que explicaba mi presencia en aquel reducto?

Había sido educado en la puerta del paraíso y a Jesucristo en una especie de elegante antepasado de la familia, que había sido muy bueno, pero nada más. Mi santoral, mis ángeles custodios, formaban parte de la nomenklatura y se llamaban Brezhnev o Jruschov. Mis dioses deberían ser Stalin y Lenin. 

[…]

En todo caso, debía ser mi sangre gallega la que me hacía desconfiar. […] Ahora sigue siendo ella, mi sangre gallega, la que cuando contemplo algo hermoso, me advierte de que no puede ser verdad tanta belleza.

[…]

Por su parte mi sangre lukumí igualmente me condiciona haciéndome díscolo a cualquier forma de subordinacióno de sometimiento, a cualquier coartada que intente limitar mi voluntad, a cualquier arbitraria imposición. Soy un gallego desconfiado y un lukumí díscolo.