Aventuras de Patuto ¡Quiero ser grande!, novela de Roberto Avaria, con ilustraciones de Roxana Brizuela y Eduardo Elizalde

En una de esas mañanas agitadas que tiene cualquier madre en este mundo le pedí  a mi hija que llamara al elevador en tanto yo pasaba la llave a la puerta.  Elena, cinco años en aquel entonces, se paró muy oronda frente al  ascensor y  gritó: “¡Elevador!”.  No me quedó más remedio que carcajearme porque hizo exactamente lo que le pedí. Me miró con total perplejidad sin entender el motivo de mi risa.

Ese tipo de lógica infantil Roberto Avaria la recrea en su novela Aventuras de  Patuto  ¡Quiero ser grande!  “Cuando sea grande no me voy a enamorar. Parece que las mamás y los papás se enamoran, pero los niños no. Mi mamá se enamoró cuando tenía catorce años. Cuando cumpla catorce años, me voy a encerrar todo el año en la casa, para no enamorarme. Mi mamá se reía cuando le conté. No entiendo a mi mamá, se ríe de las cosas serias”.

La novela comienza  cuando Patuto cumple cinco años y piensa que es todo un acontecimiento. “Ya soy grande. Yo mismo me mando y puedo hacer lo que quiera. Pero no puedo salir a la calle sin pedirle permiso a mi mamá. No entiendo a los grandes, soy chico pero grande, soy grande pero chico, quiero ser grande grande, para salir a cualquier parte sin tener que pedirle permiso a nadie”.

Sin embargo, no entiende porque sus papás no le dejan hacer lo que quiera, y mucho menos porque su mamá se enoja con él con tanta frecuencia.  “Los grandes ya saben lo que es malo, pero los niños no, por eso los niños tienen que aprender qué es malo, para no hacerlo”.

Patuto es un niño de cualquier lugar de América Latina en los finales de los setenta, cuando el mundo era más simple, sin Internet, ni videojuegos. Las novedades en aquel entonces: un radio de baterías, un nuevo televisor o un paseo a la playa.  El autor no sólo describe una época, sino que la recrea través de los ojos de un niño.

Patuto ama a los animales, en especial a su gato, perdido desde el día en que cumplió cinco años.  “Mi pollo no puede hablar con mi gato, porque mi gato dice miau y mi pollo dice pío. Yo puedo hablar en gato y en pollo”. Es un niño con una gran imaginación –como todos los niños-, a quién se le ocurren ideas que a los ojos de los mayores son totalmente disparatadas, como el ensayo para ser bombero.

Roberto Avaria afirma que quiere “volver a ver la vida con la inocencia de mi niñez”  y Patuto es evidentemente un retorno a la infancia. Una lectura que nos hará sonreír y recordar cuando el mundo era más simple, “cuando sólo bastaba la imaginación para entretenerse”.  Tal vez por esa razón Avaria la prohíbe para adultos amargados.