Por Yoshvani Medina, Director de Art Spoken Performing Art Center

Eliseo AlbertoConocí a Lichi en Martinica, una asociación literaria lo había traído para que impartiera unas conferencias, por aquel entonces mi obra “Merde!” había ganado el Premio de Teatro Francófono del Caribe y la editorial Lansman la presentaría en el Festival de Avignon, por eso nos reunieron en la mesa del Valmeniere, el exclusivo restaurant de Fort-de-France.

Pude conocer un escritor obnubilado por los duendes de la poesía y el miedo a la muerte, un descendiente de la mejor tradición literaria de mi país.

Me enseñó mucho, él tenía necesidad de decir y yo lo oí con atención y agrado, sabiendo que nunca más lo volvería a ver.

Años más tarde, cuando conocí en EE.UU al dramaturgo Jorge Carrigan, que conllevaba con Lichi una amistad a larga distancia, evocamos largamente la admiración que compartíamos por nuestro atormentado compatriota.

Vaya este whisky doble a la salud de aquel que supo escribir el mejor informe contra mí mismo, la mejor manera de conducir hacia el paredón de la sospecha al discreto encanto de la burguesía.

¡So long, poeta!

“El día que escriba mi última novela voy a hacer un crucero, sucederá en un crucero por el Caribe, y haré subir a ese crucero a todos mis personajes de mis novelas, para que se conozcan”. Eliseo Alberto lee sus poemas y conversa sobre su obra en un programa de TeVeUnam.

La creación literaria

En la entrevista que se muestra en el video Eliseo Alberto “Lichi” habla de la creación literaria:

Para mi uno de los momentos más misteriosos, mágicos del proceso de la creación artística literaria es el hallazgo, la chispa que de pronto te dice: aquí comienza una historia. Aquí hay una historia.

No se si tú has tenido la suerte de ir algún día al lugar donde nacen los ríos. Todo río tiene un lugar donde nace: una piedra, una cueva, un manantial. Eso también pasa con la creación.

En mi caso, estrictamente personal, que es del único que puedo dar testimonio o confesión, suele ser una imagen. En Esther en alguna parte, una de mis novelas que más quiero, fue dos viejos sentados en la banca de un parque cagados de palomas. ¿Quiénes son esos dos viejos? En el caso de Caracol Beach, otra de mis novelas,  fue una frase, de pronto me dije: clemencia es una palabra que se usa poco.

Cada una de mis novelas nace de un origen distinto, pero en el fondo igual: una pregunta, una sorpresa.