Yoshvani Medina y Félix Luis Viera

Yoshvani Medina y Félix Luis Viera en El Desalmuerzo Literario

El teatrista y conductor de El Desalmuerzo Literario leyó -más bien declamó-  el inicio de Un ciervo herido, de Félix Luis Viera.

Lo pusieron de espaldas, bien pegado, contra los alambres de la cerca. Pégate, arrecuéstate bien, cabrón, le dijo un sargento. Para que los mosquitos lo sobaran bien, dijo dándole la espalda. Estaba el Umap en calzoncillos nada más. Apenas se veía desde la barraca. Los mosquitos tenían un aguijón capaz de traspasar la hamaca más una colcha puesta entre ésta y el cuerpo. El Umap que un sargento había puesto contra la cerca era homosexual. Un sargento lo había sorprendido en el baño dice que masturbándose por detrás (con un palo). Como si se es­tuviera dando con una pinga, dijo un sargento gritando. Agarré a este maricón haciéndosela por detrás (con un palo), gritó un sargento llegando de los excusados. Al Umap homosexual ahora lo estaban pinchando mosquitos como a un caballo. Sólo con los calzoncillos verdeoscuros. Decía ay, coño, y desde acá el un sargento le decía cállate, maricón, si deberían desangrarte. Cállate maricón, que te amarro, decíale, para que no puedas ni defenderte y se oían acá los manotazos que el Umap homo­sexual le tiraba a los mosquitos, plaf, plaf, plaf, ay, coño, di­ciendo. Un sargento dijo qué carajo pasa, qué carajo dicen si estamos en hora de silencio, lacras sociales; porque parte de los Umap en las barracas decían pero míralo, chico, al pobre, óyelo al pobre, Dios mío protégelo. Un sargento dijo ahí hasta el amanecer, pajero por el culo, lacra social, lumpen maricón y a los de la barraca cállense bola de antisociales que van a coger mosquitos todos no me jodan. En la madrugada se pudo oír que el Umap homosexual se desplomó, pacatlán, dos o tres veces y ay diciendo, me muero diciendo y plaf, plaf, plaf, los manota­zos contra los mosquitos, ay. Y a cada rato desde la jefatura cállate maricón, el sargento de guardia gritando, que no dejas dormir a la gente, cacho de rata del enemigo imperialista, vuelve a pararte, sangre de yanqui, que el castigo no es acos­tado. Cuando un sargento gritó el «¡de pie!» a las cinco y media de la mañana todavía no se podía ver al Umap homosexual, sólo sentirlo ay, y si acaso, adivinar el bulto, echado contra la cerca. Luego que los Umap fuimos a los lavabo-lavaderos y los excusados y tomamos la leche acuosa y el pan tan microscópico y formamos filas ya había sol como para ver bien al castigado. Allí, tendido junto a la cerca, parecía una berenjena con pelo. O un lagarto pasado por queroseno. O un bofe avinagrado. In­corpórese a su lugar, le gritó un sargento apuntando a las filas.