Armando Rodríguez

Armando Rodríguez, "Mandy", autor de Los robots de Fidel Castro

Es muy raro que un libro sobre matemáticas, electrónica, celulares y robots me interese, pero el autor de éste, Armando “Mandy” Rodríguez, tiene una capacidad narrativa impresionante, y éste no es un libro técnico, sino de individuos científicos, frente al énfasis en lo colectivo que tiene el sistema de Cuba. Aquí, Mandy se lleva el título de primo entre pares, por su exposición y el reconocimiento entre los suyos al escribir y publicar con la ayuda de Marlene Moleón, de E-riginal Books, Los robots de Fidel Castro: Eicisoft, 1984, una historia real.

La obra se dio a conocer por Juan Manuel Salvat en Librería y Ediciones Universal, y fue presentada por Carlos Alberto Montaner. Este dijo en su charla, Mandy o por qué el comunismo no funciona, que en Cuba nadie puede ser genio, porque “en Cuba sólo hay espacio para un solo genio y ya sabemos todos de quién se trata”.

“Los genios son anomalías que surgen en el seno de las sociedades”, siguió explicando Montaner. Por eso Mandy y sus amigos fueron perseguidos y no se les permitió seguir sus experimentos. El genio es una forma que permite evolucionar, señaló el presentador. Edison, con el bombillo; Alexander Graham Bell, con el teléfono; Carlos Finlay y Jonas Salk, con las vacunas, son ejemplos. Pero “si la ciencia y la técnica no pasan del laboratorio a la empresa, a una empresa que genere utilidades, no hay beneficio material colectivo”, explicó Montaner. Y ahí es donde falla una sociedad sin espíritu empresarial. “Como sabemos, en Cuba es más importante ‘ser revolucionario’ que ser inteligente y laborioso”, dijo.

Moleón añadió que el texto cuenta con el humor de los cuentos de Pepito, además del invaluable testimonio de su autor, que aunque genio, es “un tipo que juega racquetball, toca la trompeta, baila conga y aprecia la ópera”. El libro es el testimonio de cómo en Cuba no se puede tratar de innovar. Pero a pesar de esto, Mandy Rodríguez lo hizo. “Este libro fue escrito como La historia de EICISOFT. Esto fue una ‘cosa’ con características de compañía capitalista, que se creó por generación espontánea dentro de un socialismo llevado a su límite, como es el castrista”, dijo Rodríguez.

“Aun habiendo sido gestado fuera de todo lineamiento oficial, EICISOFT terminó siendo una especie de instituto de robótica a nivel nacional”, siguió contando Rodríguez, quien había descubierto las microcomputadoras en Japón, adonde había sido enviado como ingeniero a resolver otros problemas. Al regresar, como “nuevo Marco Polo”, “convencí a a los sidero-mecánicos de que con esas computadoras se podían controlar procesos industriales y máquinas herramienta; a directores y ministros de que se eliminaría el papel de las oficinas; que las micro eran el fin de la máquina de escribir y por supuesto, el fin de los ‘centros de cálculo’. Este fue el comienzo de la historia que se narra en el libro”, explicó. Y, gracias a Dios, Castro no es un personaje, y hay muchas personas buenas en este libro, lo que crea esperanzas para el futuro de Cuba.

Publicado en El Nuevo Herald. Octubre 14, 2011

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