Los cubanos

Los cubanos: Historia de Cuba en una lección

Este libro lo compré en la Feria del Libro de Miami, cuando toda la atención estaba centrada en otro libro de Carlos Alberto Montaner, la excelente novela La mujer del coronel que ya había leído.

Los cubanos, publicado en 2006, me llamó la atención por su ambicioso subtitulo: “Historia de Cuba en una lección”.  Ése es un gran desafío, porque sintetizar es una tarea difícil y porque, en efecto, no se trataba de  “una lección”, sino de trece capítulos.

El subtítulo me recordó la pequeña obra maestra del Dr. Luis Aguilar, “El Profeta habla de los cubanos”, que resume la esencia psicológica del cubano, pero este caso es diferente. Montaner se propone “trasmitir la esencia de la historia de la isla a varios tipos muy diferentes de personas”, desde los hijos y nietos de cubanos criados en Estados Unidos hasta los cubanos educados dentro de la Isla.

Pienso que la esencia de la historia de Cuba está efectivamente reflejada en este libro y en su peculiar enfoque: las circunstancias internacionales que modelaron el acontecer del país. Un punto de vista sin duda novedoso e importante, porque la historia se suele analizar sin tener en cuenta la influencia de toda esa gama de sucesos políticos, culturales y tecnológicos cuyo impacto trasciende internacionalmente. En la actualidad, por ejemplo, no sería posible analizar lo que sucede en Cuba soslayando que las autoridades toman decisiones presionadas por las potenciales consecuencias de la posible muerte cercana de Hugo Chávez.

Compartir más de veinticinco años de mi vida con un historiador, no me da un diploma de historiadora, pero aún sin credenciales oficiales he desarrollado la capacidad de reconocer los buenos libros de temas históricos.  Los cubanos sin duda lo es, a pesar de que los académicos puedan señalarle la falta de citas bibliográficas, falta que como explica el autor es motivada porque el libro surgió a partir de un seminario para la Universidad de Miami.

Los cubanos no solo recorre el pasado de la Isla, sino que intenta imaginar su futuro, porque  aplicando un principio del llamado “pensamiento positivo”, Montaner afirma que “Predecir el futuro es una de las formas que existen de contribuir a crearlo”.

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El Profeta habla de los cubanos

El Dr. Luis Aguilar León escribió "El profeta habla de los cubanos" en 1986, una versión mutilada y aprócrifa de este trabajo ha sido diseminada ampliamente en Cuba, con la muletilla de que fue editada en la revista "Selecciones del Reader Digest", en 1947.

Desde una roca en el puerto, El Profeta contemplaba la blanca vela de la nave que a su tierra había de llevarlo. Una mezcla de tristeza y alegría inundaba su alma. Por nueve años sus sabias y amorosas palabras se habían derramado sobre la población. Su amor lo ataba a esa gente. Pero el deber lo llamaba a su patria. había llegado la hora de partir. Atenuabas su melancolía pensando que sus perdurables consejos llenarían el vacío de su ausencia.

Entonces un político de Elmira se le acercó y le dijo: Maestro, háblanos de los cubanos.

El Profeta recogió en un puño su alba túnica y dijo:

“Los cubanos están entre vosotros, pero no son de vosotros. No intentéis conocerlos porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y hacen de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen.”

“Nunca subestiméis a los cubanos. El brazo derecho de San Pedro es cubano, y el mejor consejero del Diablo es también cubano. Cuba no ha dado ni un santo ni un hereje. Pero los cubanos santifican entre los heréticos y heretizan entre los santos. Su espíritu es universal e irreverente. Los cubanos creen simultáneamente en el Dios de los católicos, en Changó, en la charada y en los horóscopos. Tratan a los dioses de tú y se burlan de los ritos religiosos. Dicen que no creen en nadie, y creen en todo. Y ni renuncian a sus ilusiones, ni aprenden de las desilusiones.”

“No discutáis con ellos jamás. Los cubanos nacen con sabiduría inmanente. No necesitan leer, todo lo saben. No necesitan viajar, todo lo han visto. Los cubanos son el pueblo elegido … de ellos mismos. Y se pasean entre los demás pueblos como el espíritu se pasea sobre las aguas.”

“Los cubanos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia, y en grupo por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva la chispa del genio, y los genios no se llevan bien entre sí. De ahí que reunir a los cubanos es fácil, unirlos imposible. Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo menos el aplauso de otro cubano.”

“No les habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura, y los cubanos son hiperbólicos y desmesurados. Si os invitan a un restaurante, os invitan a comer no al mejor restaurante del pueblo, sino “al mejor restaurante del mundo”. Cuando discuten, no dicen “no estoy de acuerdo con usted”, dicen “usted está completa y totalmente equivocado”.

“Tienen una tendencia antropofágica. “Se la comió”, es una expresión de admiración, “comerse un cable”, señal de situación crítica y llamarle a alguien “comedor de excrementos”, es su mas usual y lacerante insulto. Tienen voluntad piromaniaca, “ser la candela” es ser cumbre. Y aman tanto la contradicción que llaman a las mujeres hermosas “monstruos” y a los eruditos “bárbaros”; y cuando se les pide un favor no dicen “si” o “no”, sino que dicen “sí, como que no”.

“Los cubanos intuyen las soluciones aún antes de conocer los problemas. De ahí que para ellos “nunca hay problema”. Y se sienten tan grandes que a todo el mundo le dicen “chico”. Pero ellos no se achican ante nadie. Si se les lleva al estudio de un famoso pintor, se limitan a comentar “a mí no me dio por pintar”. Y van a los médicos, no a preguntarles, sino a decirles lo que tienen.”

“Usan los diminutivos con ternura, pero también con voluntad de reducir al prójimo. Piden “un favorcito”, ofrecen “una tacita de café”, visitan “por un ratico”, y de los postres solo aceptan “un pedacitico”. Pero también a quien se compra una mansión le celebran “la casita” que adquirió, o “el carrito” que tiene a quien se compró un coche de lujo.”

“Cuando visité su isla me admiraba su sabiduría instantánea y colectiva. Cualquier cubano se consideraba capaz de liquidar al comunismo o al capitalismo, enderezar a la América Latina, erradicar el hambre en Africa y enseñar a los Estados Unidos a ser potencial mundial. Y se asombran de que las demás gentes no comprendan cuan sencillas y evidentes son sus fórmulas. Así, viven entre ustedes, y no acaban de entender porque ustedes no hablan como ellos.”

Había llegado la nave al muelle. Alrededor del Profeta se arremolinaba la multitud transida de dolor. El Profeta tornose hacia ella como queriendo hablar, pero la emoción le ahogaba la voz. Hubo un largo minuto de conmovido silencio. Entonces se oyó la imprecación del timonel de la nave: “Decídase, mi hermano, dése un sabanaso y súbase ya, que ando con el schedul retrasao.”

El Profeta se volvió hacia la multitud, hizo un gesto de resignación y lentamente abordó la cubierta. Acto seguido, el timonel cubano puso proa al horizonte.

Luis Aguilar León
Diciembre, 1986