Pilar Alberdi, otra escritora exitosa de la Generación Kindle

Pilar Alberdi es una de las orgullosas escritoras de la Generación Kindle, con varias novelas bestsellers publicadas en Amazon.

Los cuadernos de la señora  Bell ha cautivado a los lectores. Ellos opinan:

Una buenísima novela corta. En mi opinión, de mujeres y escrita para mujeres. La señora Bell es un personaje maravilloso

Me ha hecho reflexionar sobre lo que ofrecen los pueblos que ya en las ciudades se ha perdido….

La señora Bell, inolvidable. Los personajes se perciben vivos, presentes. Además, de género romántico, pero no esas historias tipo norteamericanas, sino con personajes españoles y situada aquí en España, con problemas reales y concretos que nos tocan a todos.

Es muy reconfortante pensar que siempre podríamos tener una última oportunidad para arreglar nuestra vida, para compensar nuestro pasado. Las protagonistas de este libro la tienen.

Mañana Eriginl Books publicará una entrevista a Pilar Alberdi, por hoy dejamos un fragmento de una de las novelas más exitosas en Amazon España.

“Los cuadernos de la señora Bell” lleva más de 100 días entre los libros más vendidos de Amazon España. “Los cuadernos de la señora Bell” quedó finalista del XI Concurso de Novela Breve Casino de Lorca, 2011

Fragmento del primer capítulo “Los cuadernos de la señora Bell”

«Es verdad que en el pequeño pueblo en que vivimos, al que llegan los fines de semana unos cuantos excursionistas a hacer senderismo y alpinismo, los hay que piensan que no existo. Probablemente piensan que casi no veo, y que mi letra —a esta altura de mi vida— debe ser un galimatías ilegible. ¡Dios, me encantan estas gentes! Hacen que me sienta viva.
Mientras ellos piensan esas cosas, yo en mi preciado retiro, en mi letargo de osa, en el mayor de los secretos, escribo mis cuadernos de tapas azules donde voy contando poco a poco nuestras vidas; las suyas y la mía.
En el pueblo hay pocos niños. «Pequeños adultos» los llamo yo, porque están todo el día entre personas mayores. Pero aún es posible conversar con ellos sobre hadas, ogros y superhéroes.
Los televisores de sus casas los atrapan, pero también el paisaje y el clima al que no pueden sustraerse, y del que esperan todos los inviernos una nevada —lo suficientemente grande— como para jugar con los trineos.
Los cuadernos azules donde voy escribiendo estas historias están depositados en un arcón donde diferentes generaciones de mi familia han guardado sus ropas, comida en conserva, objetos de valor…
Me pregunto quién los encontrará el día que yo no esté. ¿Qué pensarán de lo que he escrito? ¿Qué harán con ellos? ¿Se reunirán para leerlos? ¿Se los repartirán? ¿Y si no les gustan, se atreverán a encender con ellos el calor del fuego de sus hogares el próximo otoño? Yo, en su lugar, lo haría. De verdad, me encantaría que hicieran algo así. Chispas. Fierecillas de luz saliendo de estos papeles.
También me sentiría muy orgullosa si los leyeran. Me pregunto cuál de las ancianas y temblorosas manos de este lugar pasará la primera página o qué manita infantil dibujará más tarde sobre los renglones escritos por mí una serie de admirables y coloridos garabatos redondos sin brazos ni piernas.
El arcón —y esto me parece importante decirlo— tiene una cerradura, y la llave, de momento, la guardo yo en el interior de una antigua tetera recibida en herencia.
Esta tetera estuvo durante 150 años en el hogar de unos parientes. Y la sola visión de sus formas retiene y conserva el recuerdo de diligentes manos sirviendo el té y ofreciendo pastel, mientras los rostros conversan alegremente.
En este pequeño pueblo las casas viven mirándose unas a otras. En primavera y verano, ellas tienen ojos de cristal y pestañas de petunias y geranios. En invierno, al atardecer, son como hembras maternales esperando el regreso de sus polluelos.
Reconozco que tiene sus ventajas parecer inexistente. ¿Habrá modo de pasar más desapercibida que la de ser una anciana? Estoy segura de que no.
Yo, la señora Bell, la que se casó con Antonio, la extranjera que llegó un día al pueblo cargando una gran mochila azul y un saco de dormir…
La viuda que todavía tiene en el establo una vaca, hace queso de oveja y mira enamorada volar mariposas y libélulas por los prados.
Es curioso, al principio y durante mucho tiempo, no supe que me habían puesto un mote.
Me lo dijo Antonio un mediodía al regresar de la iglesia.
—De ahora en adelante te llamarás Beautiful.
—¿Por qué? —pregunté yo, asombrada, escuchando cómo sonaba aquella palabra al brotar de sus labios tan torpes para el inglés.
—Porque lo dice el pueblo, princesa.
—¿Y qué más dice el pueblo?
—¿Qué más…? ¡Que hagamos el amor! Ahora mismo. ¡Eso dice!
Pero no era verdad, porque entonces había una dictadura. Y sí era verdad, porque aunque a la dictadura no le gustase, las personas continuaban amándose.
Los árboles, las casas, la gente… todo ha sido hermoso para mí, siempre. Una idealista, dirán. Bueno, que digan, yo no me opongo. Siempre me he hecho preguntas del tipo: ¿acaso valgo yo más que esa flor, más que ese árbol, tal vez más que ese pájaro?
Beautiful: no es un mal apodo. ¿Verdad?
Mi vaca se llama Deliberare. Es latín. Se lo he puesto yo.
En castellano sería «deliberar», que viene a querer decir que las razones han de pesarse en una balanza antes de decidir algo.
¿Y eso qué tiene que ver con las vacas? Mucho. ¿Alguien ha visto lo que se esconde en el lento rumiar de sus bocas, bajo sus oscuros ojos? En ese masticar lento y pausado de la hierba, del trébol, de las florecillas… ¿Alguien sabe lo que estarán pensando?
Me encanta imaginar sus pensamientos.
En la región de Escocia donde yo vivía, las vacas pacían sobre los acantilados. Era maravilloso verlas allí sobre los prados, apacentando entre el mar y el cielo azul. ¡Eran como ángeles! Tan serenas… Beatíficas. Sublimes entre el cielo y la tierra; frente al mar y los prados. Majestuosas en su porte. Con la testuz alta o baja. Sentadas o en pie. Con el aire rodeándolas, y las gaviotas subiendo desde la playa, ascendiendo por encima de sus nidos en los acantilados… Y, aquí y allá, el tin tan de las esquilas saltando al compás del trote de los animales; y las voces de los niños llegando desde los prados por encima de una línea de playa larga como una serpiente jugando entre blancas espumas.
Pero mi idea al comenzar este relato era hablar de este pequeño pueblo y de la gente que aquí vivió, y aún vive.
También quiero hablar de un hotel llamado La última oportunidad.
Esta mañana, por ejemplo, bien temprano me detuve frente a su entrada para mirar embelesada los pimpollos rosas de un cerezo japonés.
¿A quién se le habrá ocurrido traer a este lugar tan alejado de oriente esta belleza?
¡Oh, perdonad que sonría! Puedo decirlo orgullosa: a mí.
En primavera de sus varas brotan capullos rosas como hijos de los rosados atardeceres en que Antonio me amaba. Pequeñas manitas de vida…
—¡Oh, Pero qué tenemos aquí! —decía la gente del pueblo que nunca había visto un cerezo de este tipo y ni siquiera alcanzaba a intuir aquellas manitas de vida que salían de sus ramas…
Y es que…»

Pilar Alberdi

Pilar Alberdi (Argentina, 1954). Reside en Málaga, España. Licenciada en Psicología por la UOC.Terapeuta de Constelaciones Familiares. Realizó estudios de dramaturgia, interpretación, guión cinematográfico y dirección de cortometrajes en la Sala de medios escénicos y audiovisuales de la Universidad de Alcalá de Henares y en la Sala La cuarta pared en Madrid. Ha publicado obras de poesía, teatro y narrativa. Entre las distinciones recibidas: Premio Ciudad de Segovia, 1997; Premio Lazarillo (teatro de cámara y ensayo), 2000; II Premio de Relatos —Feria del Libro de Madrid—, Plaza & Janés Editores, 2000. Finalista del premio Felipe Trigo de novela breve 2010; Internacional de Microcuento Fantástico miNatura,2010; Juan Martín Sauras, 1999;Ciudad de La Laguna de Cuento, 1998. Finalista del XI Premio de Novela Breve Casino de Lorca, 2011. Entre sus novelas: «Las fotos del inglés», «El pantano», «Los cuadernos de la señora Bell», «Isla de Nam», «La niña que no quería nacer», «Alas de mariposa»…
Participa en el Circuito del Libro Infantil y Juvenil que organiza el Centro Andaluza de las Letras.