La búsqueda de Blanca Miosi, una novela sobre las sorpresas que nos da la vida, como diría John Lennon: “La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”.

Quiero confesar que me resistí por mucho tiempo a leer a Blanca Miosi. No por pensar que no fuera una buena escritora, sino porque sobre la temática de la Segunda Guerra Mundial no me gusta leer ficción.

Soy una estudiosa de esa fase histórica. He perdido la cuenta de todos los libros que he leído, desde los de Primo Levi, hasta las memorias del arquitecto Albert Speer (el mal llamado “nazi bueno”), y también los análisis posteriores de sociólogos, periodistas e historiadores, desde Seduced by Hitler (LeBor and Boyes) hasta lo expuesto en la obra maestra de Eric Hobsbawm (Age of Extremes. The Short Twentieth Century).

¿Por qué ese interés en la Segunda Guerra Mundial? Dos razones. Mis abuelos era polacos (Vera Jackiewicz y Trofim Borodowski); sobrevivieron la guerra porque emigraron a Cuba. El resto de la familia  que quedó en Europa murió.  Fueron exterminados por los nazis en su aldea. También tenía –y aún tengo- la curiosidad de entender cómo funcionan las sociedades totalitarias, para poder comprender mejor las reacciones de las personas en el país donde crecí: Cuba.

Todavía algunos se resisten hoy a catalogar al régimen de Cuba como dictadura totalitaria, basándose en el hecho que fue una revolución popular.  Es más o menos aceptable reconocer que las personas se equivocan, pero es menos común aceptar que los pueblos también se pueden equivocar. Los pueblos se equivocaron con Hitler, Stalin, Mussolini, Mao y Castro.

Dicho todo esto lo cierto es que empecé con muchas reservas la lectura. Me preguntaba por qué si se basaba en una historia real –la vida de su esposo- la escribió como novela. Esa decisión me la aclaró Miosi, más tarde: fue una recomendación de Alfaguara porque los testimonios no venden mucho.

Dicen que una persona envejece cuando pierde la capacidad de asombro de un niño. Grodek, el personaje principal de la novela La búsqueda, perdió su inocencia en los campos de concentración de Auschwitz y Mauthausen, pero eso fue sólo el comienzo de su azarosa existencia

La búsqueda de la felicidad

Luego de esta larga introducción, sólo me queda decir que La búsqueda es una novela fascinante. Blanca logró captar la manera de pensar de Henry W. Jaszczuk cuando era un niño, sin que los sucesos posteriores empañaran lo que sintió en esos momentos.  En un recuento cronológico muestra la inocencia ante los peligros de los bombardeos a Varsovia y el impacto –casi admiración- que tuvo sobre él la aparición del ejército alemán cuando finalmente ocupó la ciudad.

La verdadera historia comienza después que Grodek sale de  Auschwitz y Mauthausen, y en eso  precisamente consiste la magia de este libro: cómo se logra mantener el interés del lector luego que sobrevive lo que evidentemente fue la etapa más dura de la vida del protagonista. “Había perdido casi completamente la capacidad de tener sentimientos, ésa fue la peor consecuencia de mi cautiverio”, expresa Grodek.

Alguien pudiera suponer que al conocerse en las primeras páginas que Grodek había logrado sobrevivir al campo de exterminio la exposición perdería el principal motivo de  interes del lector. Pero en realidad es la vida misma la que tiene que enfrentar después de aquella experiencia. El conflicto principal es la búsqueda de la felicidad, pero  ocurren muchas y diferentes aventuras y contratiempos. Como dijera Forrest Gump  “La vida es como una caja de chocolate. Tú nunca sabes lo que te va a tocar”.

Una novela sobre la condición humana

Hay personas que sufren situaciones terribles en la vida, y no lo logran superar. Viven el resto de sus días destilando odio o compasión por sí mismos. Nunca vuelven a levantarse. Muchos lectores han catalogado el libro de Blanca como inspirador porque Waldek Grodek no sólo sobrevivió a Auschwitz y Mauthausen, sino a la vida misma, y a pesar de todas sus tribulaciones, desterró el odio de su corazón: “Mi vida ha sido dura, me tuve que librar del odio o hubiese terminado odiando a todo el mundo”.

Perdonar es derecho exclusivo de la víctima. Waldek Grodek (Henry W. Jaszczuk) decidió perdonar. Era su derecho, y tal vez esa decisión es lo que le permitió que sobreviviera todo lo que vivió después de su estancia en el campo de concentración. Es difícil perdonar ¿quién lo duda? Eva Mozes Kor, una víctima del Holocausto fue criticada por su decisión de perdonar a los nazis que asesinaron a su familia y, en particular, al Dr. Josef Mengele, que experimentó con ella y su hermana gemela, Miriam Mozes (Forgiving Dr. Mengele).

Una excelente narradora

La historia de Henry W. Jaszczuk es fabulosamente rica, pero habría quedado como un libro más de los millones publicados si Blanca Miosi no se hubiera empeñado en escribir una narración que atrajera al lector. Luego de una primera versión que fuera rechazada “porque los testimonios no son tan comerciales”, estuvo reescribiendo la historia por cuatro años.

La búsqueda lleva más de 26 semanas entre los libros más leídos en español en Amazon a un precio que oscila entre $0.99 a $1.50 como libro electrónico.  Su autora lo ofrece a un precio barato porque en definitiva, como sabiamente proclamara en 1759, Samuel Johnson, el hombre de letras más distinguido de la historia inglesa: “Un escritor sólo comienza un libro. Un lector lo termina”.