“No estoy en la Literatura para ganarme la vida, sino para perderla” escribió Rafael R. Costa en un mensaje online hace algunos días. En esas pocas palabras se resume el sentido de la vida de este escritor que retoza con las palabras como si se tratase de un simple juego de niños. ¡Qué sana envidia le tengo! (Es una broma).  Rafael R. Costa despierta muchos sentimientos: como lectora me emociona y envuelve en sus historias como un encantador de serpientes, y como aspirante a escritora, una profunda admiración.

“Los personajes de mis novelas lo son todo para mí. Son mis historias de amor” afirma este poeta con bigote

De Rafael R. Costa he leído La interpretadora de sueños la mejor novela en lo que va de año –y he leído muchas.  ¿Pero dónde estaba escondido este hombre? ¿Por qué no se conoce más su obra?

Costa es ganador de varios premios y finalistas en otros tantos. Fue el poeta más joven en recibir el premio otorgado por el Club de Escritores Onubenses, CEO, por Cirea , un poemario que destaca por su singularidad (1984).

Pero lo que le sobra a Rafael R. Costa en talento para escribir le falta para promocionarse.  Lo hace de una manera tímida, casi con temor de ofender.  Si se hubiera dedicado a la pintura en el siglo XIX sería como Van Gogh, muy pocos conocieron y apreciaron al genio post-impresionista en vida. Pero ¡gracias a Dios, a las deidades orichas o a las publicaciones electrónicas! estamos en el siglo XXI y he podido deleitarme con el talento de este monje escribiente.

Escribir es estar condenado a galeras. A veces creo que es un don y otras veces que es una condena

Cuéntame del periódico que hiciste a los 8 años

Aunque he tenido cinco hermanos viví solo. En casa de mi abuela materna, hasta que tuve 14 o 15 años. Era una casa grande para dos, con cuatro habitaciones. Una de ellas estaba prácticamente vacía, y yo la transformé, siendo muy niño, en mi laboratorio. Y en aquellas largas, transparentes tardes de verano, decidí editar el periódico del barrio “La Verdad de la Barriada Navidad”… Todo lo hacía yo, claro, desde la cabecera con letras góticas hasta las necrológicas y crucigramas. Llegué a hacer ocho o nueve, sólo un ejemplar de cada uno. Fue mi primera experiencia como escritor.

Durante tu etapa de “turista literario” al viajar por Nuremberg, París y Sudáfrica ¿escribiste? ¿Tomaste notas?  ¿Era una etapa de incubación?

Por supuesto. Tomar notas es inherente a mi forma de ser. Lo llevo haciendo toda la vida, es una virtud aliada con un vicio. Por contra, rarísima vez hice una fotografía. En cada uno de esos lugares rellené cuadernos, claro que sí. Notas, dibujos, impresiones. Me encanta dibujar usando el café negro como tinta y los palitos higiénicos como plumín. En París viví dos semanas debajo de los puentes, con 21 años como un clochard, me sentía Arthur Rimbaud… En Alemania un par de meses, y en Sudáfrica 6 meses, trabajando en una empresa USA.

 ¿Por qué abandonaste Huelva y te fuiste a Madrid?

Tras no pocos esfuerzos conseguí aprobar una oposición para la Biblioteca Pública de Huelva, donde estuve más o menos 5 años. Era el trabajo soñado para un escritor. Pero se presentó un problema: todo resultaba demasiado fácil. Si me quedaba allí, si no me enfrentaba al riesgo de verdad, no viviría muchas de las cosas que después habrían de vivir mis personajes. Llevo 23 años en Madrid, he trabajado de cien cosas y siempre me despidieron. Hace catorce que únicamente escribo y escribo y escribo…

 ¿Por qué es tan difícil encontrar noticias tuyas?

Seguramente por la innata habilidad de parecer invisible. Me lo dijeron más de una vez, pero no es cosa mía. Es el síndrome del francotirador literario. Si no produzco más noticias es que produzco otras cosas, digo yo. Bueno, cuando he sido finalista de dos premios Planeta sí que estuve bastante en el candelero.

Aunque hoy la figura estándar del escriactor supera a la del escritor a secas que siempre he pretendido ser.

¿Qué es para ti escribir?

Escribir es estar condenado a galeras. A veces creo que es un don y otras veces que es una condena. Lo llevo haciendo toda la vida. Cada cosa que veo la escribo en mi cabeza; voy en el Metro y miro discretamente a la gente tomándole notas fisionómicas, de cómo van vestidos, cómo miran, de sus manos, sus objetos, sus labios, cómo se mueven o permanecen en silencio. Después esos rasgos se convierten en los rasgos de algunos personajes. No lo puedo evitar, llámese manía, vicio o psicopatía, todo lo filtro, lo literaturizo.

 ¿Sigues escribiendo por el día y rectificando por la noche?

Bueno, no exactamente. Escribo todo el tiempo. Cuando estoy en una novela la máquina no se puede parar. Escribo de noche por ejemplo cinco páginas, cuando me levanto corrijo esas páginas y adelanto otras cinco, por la noche corrijo las de la tarde y amplío otras tantas… Es una rueda engrasada.

  ¿Tienes algún método para escribir? ¿Empiezas cuando ya tienes concebida toda la historia?

En un porcentaje bastante alto lo tengo claro. Pero no al cien por cien. Siempre se deja algo al azar, que eso es lindo. Antes de redactar ya he rellenado un gran cuaderno con notas, guiones, proyectos de diálogos, dibujos de los personajes, mapas, épocas, las casas en las que viven, algunos de sus objetos personales, como gafas, paragujas, pistolas. Me gusta sentirlos, respirarlos, y ellos tienen que estar a la altura de la historia y la historia por supuesto a la altura de ellos. No los dejo abandonados nunca, correremos la misma suerte.

Luego que terminas un libro ¿qué haces? ¿Lo das a leer a alguien? ¿Lo dejas dormir por un tiempo?

Cuando acabo estoy absolutamente agotado, así que me siento como el náufrago que acaba de divisar un islote al que aferrarse. Dejo el manuscrito un par de días dentro de la máquina, como si tuviera que fermentar en esa barrica. Sin mirarlo. Luego lo corrijo yo en pantalla, tardo poco, una semana como mucho: me lo sé de memoria.

Hago una primera impresión y se lo doy a leer a Margarita, quien siempre encuentra alguna cosilla o bastantes minucias que mis cansados ojos no ven, y es muy útil. Luego hago las revisiones marcadas y todavía lo corrijo otra vez en pantalla; hago una segunda impresión (suelen ser 500, 600 Din A4) y se la dejo a un amigo poeta de Málaga que es mi primer lector no corrector. Es la piedra de toque. Y eso es todo. Hasta hace dos años la enviaba a un premio que nunca o rara vez ganaba.

¿Tienes un personaje favorito?

A esta pregunta prefiero no responder. Son muy celosos y tengo una gran mansión donde habitan todos juntos. Pero sí soy más cuidadoso emocionalmente con los secundarios, aquellos que mueren, los no protagonistas; esos son muy interesantes.

 De la experiencia al publicar en Amazon ¿qué ha sido lo más difícil?

¡Formatear HTML! Ja,ja,ja… ¡Me mata! Y, lógicamente, la promoción. Los dos o tres primeros meses no hice nada: estaba mudo y ciego. El primer mes se bajaron 7 novelas mías… Casi me suicido. Este septiembre terminaré con varios cientos. Lo más difícil es arrancar la máquina.

¿Y lo más fácil?

Pues el cariño que me han prestado personas que no me conocen de nada, el apoyo recibido, y levitar con los comentarios de los lectores. Lo más fácil resulta poder llegar a gente que está muy lejos aunque vivan en tu calle. Amazon no me ha abierto una ventana, sino todas las puertas de un inmenso castillo.

¿Qué consejo darías a un autor novel?

Que se ponga la capucha de monje. Y que recuerde esto: Nulla die sine linea…

OBRAS DE RAFAEL R. COSTA EN AMAZON

Actualmente ha publicado ocho novelas en Amazon Kindle, y una colección de sonetos
* Valdemar Canaris : El navegante solitario
* Blog Story : Un relato de La Comunidad
* El caracol de Byron
* El cráneo de Balboa
* La interpretadora de sueños
* Berlín melodrama
* La novia de Txeroki
* EL niño que quiso llamarse Paul Newman
* 44 Sonetos de amor y otros barcos a la deriva

 Y para los que quieran saber algo más de Rafael R. Costa aquí dejo algunos enlaces:

 “El regreso de un escritor curtido“, por Isabela de Mier (El Mundo Huelva Noticias, 18-XII-2005 ).

“Rafael Rodríguez presenta en Huelva su segunda novela”, por Lorena Correa (Odiel Información, 20-XII-2005 ).

“La fuerza de los libros”, por Manuel Garrido Palacios (El Mundo Huelva Noticias, 27-XII-2005 )

“Valdemar Canaris. El navegante solitario” (Blog: La Huelva Cateta, 9-IV-2012).

Rafael R. Costa: El caracol de Byron , por Jesús Ortega (Comunidad El País. El Clavo en la pared)