Presentación del libro Poesía Engavetada en el Centro Cultural Español de Miami. De izquieda a derecha Ana Julia Yanes, el poeta José Yanes, el poeta Ramón Fernández´-Larrea y el historiador Juan Antonio Blanco

Presentación del libro Poesía Engavetada en el Centro Cultural Español de Miami. De izquieda a derecha la economista Ana Julia Yanes, el poeta José Yanes, el poeta Ramón Fernández-Larrea y el historiador Juan Antonio Blanco

La revista electrónica Cubaencuentro ha hecho una valoración de la mejor poesía del año 2012 de autores cubanos. De la  “buena cosecha poética que dejó el 2012” se menciona a Reinaldo García Ramos, Laura Ymayo Tartakoff, Juana Rosa Pita, Magali Alabau y José Yanes. Éste último con el libro Poesía engavetada 1970-1993 publicado por Eriginal Books.

Si de algo Eriginal Books se sintió orgullosa en el año 2012 -y hubo muchos motivos para festejar lo logrado en el añ0-, fue sacar del ostracismo al poesta José Yanes.

El artículo Siempre, afortunadamente, habra poesía de Carlos Espinosa Domínguez dice:

José Yanes ha de ser un autor totalmente desconocido. Unos pocos, no obstante, recordarán que en 1968 publicó su primer libro, Permiso para hablar, con el que dos años antes había obtenido una mención en el Premio UNEAC.

Pocos años después de la salida de Permiso para hablar, se produjo el caso del poeta Heberto Padilla. Una vez que este fue puesto en libertad, tras varios días de arresto, tuvo lugar en la sede de la UNEAC la penosa mascarada de su autocrítica. En aquellas palabras instó a algunos de sus colegas a que aprendieran de su experiencia. Entre otros “compañeros que iban camino de esa misma situación”, se refirió a José Yanes.

DEL LIBRO POESÍA ENGAVETADA

Carta abierta a mi madre en USA

Era duro, muy duro, fue durísimo
pero al comienzo pareció valer la pena
la división de la sagrada familia.

Yo jugué mi carta al sueño de oro
de Martí,
que parecía al fin se realizaba;
a la quimera alucinante
del Marxismo-Leninismo;
a mi pueblo, capaz de hablar
sin palabras;
a la filosofía de Los Pocitos,
barrio querido,
que pareció también que iban a volar,
a trascenderse,
como algún espíritu atrasado
que gana luz
y se eleva para siempre;
yo jugué por el Benny,
por su Santa Isabel de las Lajas
querida,
por lo cubano en el alma,
por el amor;
yo jugué por la Revolución, sí,
por la Revolución, como un árbol
creciendo, como una puerta
que conducía a nosotros
invitándonos a andar.

Jugué y perdí;
perdí y ahora todo vuela,
vuela y vuela.
Todo vuela nuevamente,
Regino Pedroso:
sueños, ansias, voces puras.
Todo duele, duele
y duele.

Si las cosas hubieran sido
como no fueron
(al parecer en este país
las cosas nunca son
como debieran),
yo no estaría otra vez
llorando solo
en el banco de este parque
como hace veinticuatro años;
no me estarían cayendo
las lágrimas por la cara abajo,
no solamente ya como entonces
por la división de la familia,
sino también
por la creciente certidumbre,
angustiosa y desconcertante,
de haber botado mi vida.

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