Foto de la contraportada "Cuba: mito y realidad", 2da edición

Foto de la contraportada “Cuba: mito y realidad”, 2da edición

Hay libros que uno lee y disfruta por unas horas como puro entretenimiento. Hay otros en los que sus personajes se quedan contigo para siempre: Sarah Georginas Paker de Rafael R. Costa, Tedd y Todd de Fernando Trujillo Sanz y César García, Grodek de Blanca Miosi, Carlos Ladrón de Guevara de Mercedes Pinto Maldonado, por sólo mencionar algunos de los más recientes. Pero hay otros libros que cambian tu percepción de la vida para siempre, Cuba: mito y realidad, de Juan Clark  es uno de esos libros.

Cuba: mito y realidad fue un bestseller sin precedentes en su primera edición, uno de los libros más exitosos de un “cubano fuera de la Isla”.  Clark, profesor emérito de sociología del Miami Dade College,  investigó por más de 20 años las causas que motivaron el éxodo cubano de cerca de un millón de cubanos (el 10% de la población)  cuando publicó la primera edición de Cuba: mito y realidad. Luego continuó ampliando su investigación a las nuevas oleadas de migrantes  que ya nos acercan a la cifra de 2 millones de cubanos desperdigados por todo el mundo.

Leí Cuba: mito y realidad cuando ya estaba en el exilio, viviendo en Canadá. Fue más que una lectura, bebí el libro y me sentí avergonzada de haber creído y defendido aquello que todavía intentan llamar “Revolución Cubana”. Hay algunos académicos de izquierda que se refieren a la década de los sesenta como la etapa verdaderamente “revolucionaria “.  Sin embargo, ese período fue uno de los más brutalmente represivos  de toda la historia de Cuba. Quien lo dude que lea los libros de Juan Clark.  Sin ser marxista Clark fue consecuente con uno de los principios que reclamaba el filósofo alemán al decir que no se trataba solamente de interpretar el mundo de diversos modos, sino de transformarlo. Clark no solo fue un sagaz intérprete de la sociedad totalitaria cubana sino un luchador incansable por su liberación.

Cuba: mito y realidad es una mezcla de impecable análisis sociológico sustentado sobre la historia oral recogida en los testimonios de cientos de entrevistados.

Cuba: mito y realidad es una mezcla de impecable análisis sociológico sustentado sobre la historia oral recogida en los testimonios de cientos de entrevistados.

La sección “El Mesías de la televisión” del libro Cuba: Mito y Realidad de Juan Clark inspiró una de las escenas de mi novela “En la isla de los pregones”.

1964

María Quiñones encendió el televisor. La programación habitual fue suspendida para trasmitir otro discurso. Quizás Fidel fue el primer Mesías televisivo: largas y constantes alocuciones trasmitidas en cadena por todos los canales de televisión nacionales y varias estaciones de radio. La leyenda ya había cuajado: Fidel era un elegido. Desde que dos palomas se posaron en su hombro cuando entró en la Habana en 1959 comenzó a crearse el aura de que era un ser favorecido por los dioses.

Nadie tenía dudas acerca de su extrema habilidad para deshacerse de cualquiera que no estuviera dispuesto a seguir sus ideas al pie de la letra. En el mismo año del triunfo de la Revolución, cuando consideró que el primer presidente del gobierno revolucionario no respondía a sus intereses, gestó un golpe de estado sin emplear las armas. Un drama in crescendo que culminó con una magnífica puesta en escena televisiva.

Primero, en el diario Revolución, apareció un rótulo que cubría toda la primera plana: «Renuncia Fidel». De inmediato en todo el país fueron convocadas cientos de manifestaciones de apoyo al máximo líder. Los sindicatos lanzaron la consigna de un paro nacional por una hora en signo de advertencia de su disposición militante a respaldarlo. Frente al Palacio Presidencial una multitud iracunda gritaba vituperios al presidente Urrutia. Como desenlace de la comedia negra Fidel se presentó esa noche en los estudios de televisión CMQ y, como un actor shakesperiano, con seductora y ronca voz fue explicando los motivos de su renuncia: tenía las manos atadas, el gobierno limitaba sus planes para una nueva Cuba a favor de los desposeídos. Sus palabras eran interrumpidas por un moderador que anunciaba los cientos de llamadas y mensajes que pedían que no renunciara, quien debía hacerlo era el presidente Urrutia, insistía el locutor. Con suavidad, en un giro imperceptible el Comandante fue variando sus palabras a veladas quejas contra el presidente.

Las llamadas crecían.

Las discrepancias morales entre él y el presidente eran insalvables. Urrutia tiene un salario anual de cien mil pesos —el mismo que tenía el sanguinario Batista—, dijo en inocente comentario. Compró una casa en el exclusivo barrio de Miramar. Más llamadas. Fidel no había terminado su comparecencia cuando el moderador del panel anunció la renuncia del presidente Urrutia. Shakespeare terminó su libreto diciendo que volvería a ocupar el puesto de Primer Ministro si eso era lo que el pueblo le pedía. ¡Aplausos! Baja el telón. ¡Bravo! ¡Bravo! Fidel advirtió a varios de los tramoyistas de la magnífica obra teatral Todo debe ser hecho para que esto no luzca como un derrocamiento. No fue un golpe de estado. ¡Claro que no! No hubo tiros. Fue una estrategia genial.

«Fidel no se equivoca jamás», era la frase que se repetía a toda hora y en cualquier circunstancia. Toda la prensa escrita, radio y televisión se desvivían en prodigar elogios a su sapiencia. El máximo líder solía usar el plural mayestático, con lo cual diluía la identidad de quiénes proponían las decisiones que él tomaba. Casi toda Cuba comenzó a imitar el «nosotros» en vez del «yo» porque sonaba menos individualista. Algunos de los que ocupaban algún cargo directivo lo preferían así porque tenía la conveniencia de desvanecer la responsabilidad si algo salía mal.

María miró el reloj y apagó la televisión. No debía llegar tarde a la reunión.

Clark desmitificó muchos de los mitos de la Revolución. El mito de los 20 mil muertos fue uno de ellos

Clark desmitificó muchos de los mitos de la Revolución. El mito de los 20 mil muertos fue uno de ellos

El sociologo Juan Clark falleció el pasado miercoles 27 de febrero en la ciudad de Miami

El sociologo Juan Clark falleció el pasado miercoles 27 de febrero en la ciudad de Miami

xx