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Por primera vez la escritora Judith Morales hará una presentación de su libro Juegos prohibidos en Miami, en CubaOcho Art Center, el próximo viernes, 8 de marzo a las 7 p.m.  La autora también tiene preparada una sorpresa para los asistentes. No puedo decir más… es una gran sorpresa.

Cuando leí por primera vez un resumen biográfico de Judith Morales lo primero que vino a mi cabeza fue “Tres Hits Cero Strikes”. No soy ducha en baseball – todavía puedo resolver una ecuación de cálculo diferencial, pero nunca he entendido mucho de pelota-, por lo que no sé si el término es correcto en lenguaje beisbolero (Le preguntaré a mi amigo Sindo Pacheco).  Supongo que la asociación de  pensamientos se originó porque Judith Morales tiene tres publicaciones y tres premios:

  • Un premio en Literatura infantil por el libro “Historias de Mama Vieja”, prologado por Dora Alonso y publicado por Ediciones LOYNAZ.
  • El Premio UNEAC de Novela ‘Cirilo Villaverde” 2001  con “Escorpión“, publicado en 2002 por Ediciones UNION, La Habana, Cuba.
  • Y el Premio de Narrativa y Premio Especial Inter-generos “Hermanos Loynaz” 2000 con “Las jinetas compramos en boutiques.”, publicado con el título “Juegos prohibidos por la editorial Renacimiento, Sevilla, España, 2008.

Esta es una historia de putas. Por ende en ella describo un submundo, y lo hago a través de los “tipos” de mi ya mencionada clasificación, para lo cual no tengo más que presentar a mis amigas –o incluso enemigas-, y entre pasaje y pasaje, hacer el relato de algo que me aconteció. Con suerte, debo estar inventando un género literario, pero si no es así, perdónenme; no soy escritora.

Así comienza uno de los capítulos de esta irreverente novela que de no ser por el implacable sarcasmo presente de principio a fin, podría ser tomada por algunos como una apología del oficio más antiguo del mundo.

Escrita en primera persona, podría asimismo parecer una obra autobiográfica, sin embargo se trata de una obra de ficción en su casi totalidad, excepto por un par de anécdotas que la autora escuchó por azar de boca de sus protagonistas y a las que la imaginación le dio vuelo trocándolas en esta divertida –pero no por ello menos sórdida- narración acerca de una sociedad que presume ante el mundo de haber creado el arquetipo del “hombre nuevo”.

Juegos prohibidos  tendrá una próxima edición digital e impresa publicada por Eriginal Books.

Cubaocho Art Center
1465 SW 8th St #106  Miami, FL 33135
(305) 285-5880

Judith Morales. Psicóloga de profesión y escritora innata

Judith Morales. Psicóloga de profesión y escritora innata

Fragmento de Juegos Prohibidos

XIV
BRENDA

Amar lo que sabemos que no es digno
De ser amado es la peor tragedia del corazón.
Jacinto Benavemnte

Finalmente Mayco decidió que “ni pa ti ni pa mí”. Es decir, ni  Sonya, ni yo:   Brenda. Acabo de enterarme, y cómo me  jode. Intentando desahogarme, me la  he pasado todo el rato cantando como Selena: “Ay ay ay, como me duele…”  Pero no funciona. Me sigue jodiendo, así que voy a hablar de Brenda. Se comprenderá que no precisamente bien. Para consolarnos, nada  como  despotricar con  toda fruición contra el prójimo. Así que pruebo:

Brenda  camina  como  llevada  por el viento con sus delgados pies metidos en  unas inmensas zapatillas deportivas  y al dar cada paso los coloca de forma idéntica a  los  de aquel paje del castillo de la Bella Durmiente, magistralmente ilustrado  en un querido libro de los que me acunaban en mi infancia,  cuyo  pie quedaba con la punta hacia arriba al iniciar un paso  no terminado  hasta  cien  años después,  por haberle alcanzado los  polvos del encantamiento responsables del sueño de todo  el  mundo; pasados algunos siglos, me asalta la idea de que esta no es sino una  metáfora  más  del controvertido cuento, y  tal como el sueño puede representar a la inocencia, el pinchazo con el huso a la menarquia, y el beso del príncipe al despertar sexual, los polvos en una aberrada versión porno podrían significar eso, polvos, palos o templadas, que esos también proporcionan un descanso largo y tranquilo al más  pinto de la  paloma.

Pero, volviendo a.  Brenda  mira distraídamente  desde  su  mirada  miope  y  esboza  esa  su  sonrisa   bobalicona  que hace derretirse a ciertos hombres, mientras sus manos de piel transparente con venas azules casi acarician al interlocutor acompañando a la más banal de las conversaciones; Brenda saluda “Buendía…” y  prosigue tan satisfecha de sí y arrobada por sus propios encantos, que no ve a nada ni a nadie. Sus  largas  y  transparentes  ropas  se  enredan dejando una estela de confusiones en tanto su cabello largo y sin tratar ondea al viento. Brenda nunca  sabe  dar  una  respuesta  precisa,  jamás advierte un detalle llamativo,  no hace  ni recibe comentarios maliciosos, no le causan gracia los chistes ingeniosos, no disfruta de un buen chisme. En cambio, un suceso intrascendente  logra  desencadenarle  un  ataque de hilaridad que dura días. Por lo demás, todas o las escasas energías mentales que pueda poseer, las destina a su look de niña auténticamente ingenua y natural. En resumen, Brenda llega a ser la compañía  más  aburrida  o más adorable del mundo, según las percepciones de cada  quién.

Brenda estudió Filología en la Universidad de La Habana y pasea sus  humos de poetisa  por  donde  quiera  que  vaya, como Serrat la luz y el olor del Mediterráneo. Lleva  perla en la nariz  y argolla en el ombligo, pero esos son los únicos  accesorios que usa. No sólo no lleva ropa interior, sino se  obstina en dejarlo patente;  cualquiera puede percibir sus intentos de senos bajo la transparencia de la camisa y su vello pubiano y hasta el olor de su sexo si  entreabre  demasiado las piernas.