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“Las revoluciones se parecen a las más bellas cortesanas; cuando son jóvenes y hermosas muchos hombres están dispuestos a matar y morir por ellas. Después, cuando envejecen, sólo los eunucos se atreven a defenderlas. La mía no fue una excepción”.

Así escribe César Reynel Aguilera en el Capítulo II de  Monólogo de un tirano con Maquiavelo  publicado por Alexandria Library Publishing House.

Monólogo de un tirano con Maquiavelo está inspirado en la muerte del líder cívico cubano Oswaldo Payá Sardiñas, César Reynel Aguilera recrea, a través del monólogo de un tirano Innombrable con Nicolás Maquiavelo, los entresijos de eso que unos llaman alta política y otros maldad.
Es precisamente esa recreación —convertida en un recurso literario tan convincente como desenfadado y especulativo— la que exalta el hecho supuestamente casual, más bien rutinario de acuerdo a la metódica de las tiranías, en un relato vibrante, agudo e hilarante por momentos.
El Innombrable, en tanto personaje, dice haber superado con creces el ideal de Maquiavelo; y para demostrarlo le explica al autor florentino como se debe proceder en un mundo mucho más complejo que el de aquel medioevo; un mundo en el que de vez en cuando algún súbdito tiene la brillante —e irremediablemente fatídica— idea de usar las ficciones de un príncipe, o sea, sus leyes, para cuestionar el poder que este detenta.

Monólogo de un tirano con Maquiavelo

Del Capítulo I

Mira Nicolás, déjame empezar por decirte que cada vez que me comparan contigo la sangre me hierve en los escrotos.

La gente es imbécil Nicolás, eso tú lo sabes mejor que yo. La gente es tan imbécil que insiste en olvidar los siglos que han pasado desde que tú escribiste El Príncipe; y los aportes que han hecho al cuerpo teórico de la maldad, durante todos esos siglos, tipos tan importantes como Fouché, Dzerzhinski, Himmler, Lenin, Stalin, Hitler, Mao, y una lista interminable que ahora no alcanzo a recordar.

¿Cómo se llamaba el gordito aquel?

Con todo el respeto del mundo, Nicolás, y te lo digo sin que me quede nada por dentro y exactamente de la misma forma que lo pensé hace ya muchas décadas —parecen siglos, carajo— cuando terminé de leer tu librito por primera vez y me dije: hoy día este tipo habría durado lo que un merengue en la puerta de un colegio. Imagínate tú, si eso lo pensé cuando no era más que un muchachón inmaduro ya puedes ponerte a pensar lo que pienso ahora —muerto y podrido como estoy. Sequir leyendo

Del Capítulo II

Tendrías que haberme visto en pleno triunfo. Aquello era digno de verse. Mis huestes entrando en la capital y yo con una edad de nuevo testamento y una peste en los sobacos que habría sacado de su tumba a más de un muerto. Yo, triunfante y cochino, descubriendo que había un placer mayor que el de desflorar a una virgen, y era hacerlo con la botas puestas y sin quitarme el uniforme de campaña.

Yo, con aquel poder de vida o muerte, escribiendo una lista con los nombres de los doce Cristianos que ya estaba pensando enviar al paredón. Resulta que se habían parapetado en un par de edificios y se negaban a reconocer la grandeza de mi victoria. Seguir leyendo.

Del Capítulo III

Hoy día matar es mucho más difícil que en aquellos dichosos tiempos tuyos, en los que bastaba un Condotiero, algunas monedas y una daga para despachar a un enemigo hacia este lado del mundo. Hoy día, una vez decidido que un hombre debe morir empieza el largo y frustrante camino de escoger el cómo, el cuándo  y —sobre todo— el quién.

No puedo negar que yo también tuve mis buenos tiempos para matar. Aquellos de  la euforia y el triunfo reciente. Años jóvenes en los que bastaba una insinuación mía para que mis hombres, sin averiguar mucho, se dispusieran a traerme la cabeza muerta y retratada, casi siempre en un periódico, de alguno de mis enemigos. Seguir leyendo

DEL AUTOR

Screen Shot 2013-04-03 at 8.07.06 AMCésar Reynel Aguilera nació en Playa, lo criaron en Buena Vista y Marianao, fue a la escuela en Miramar y se graduó de médico en el Hospital Clínico Quirúrgico de… (¿en qué municipio está el bidet de Paulina?). En 1995, después de terminar una especialidad en Bioquímica Clínica -y trabajar en los centros del Polo Científico- partió hacia Canadá. En el 2001 se escapó de las jaulas académicas de la Universidad de Montreal para dedicarse a escribir algo que no fuera una tesis de doctorado. Le gusta pasar por científico entre los escritores, y viceversa, pero nadie le cree. Publicó una novela (R.U.Y.) que ha sido comprada por algunos amigos, y por dos personas desconocidas a las que desea enviarle su agradecimiento eterno. Es hijo de Thais y padre de Thalía y David (a.k.a. El Bandido).

Monólogo de un tirano... , la nueva novela de César Reynel está escrita con una maestría igualable a la de un Cabrera Infante. Estoy segura que venderá más de un par de ejemplares.