Armando Rodríquez, un genio a lo cubano

Armando Rodríquez, un genio a lo cubano

Hay días que despierto con una determinada curiosidad ante un hecho, a veces se trata de principios o teoremas establecidos que definí, sin conocerlos, mediante el uso de la lógica y la observación empírica.

En esos días lo primero que hago es preguntar a mi esposo, filósofo por estudios y naturaleza.  Él lo mismo te puede comentar de física cuántica que de James Dean. Pero en ocasiones mis preguntas son tan específicas que no las puede responder, entonces acudo a un científico que raya en la genialidad: Armando Rodríguez, el autor del testimonio “Los robots de Fidel Castro”.

Ayer hice una de esas preguntas a “Mandy” –así le llamaban a Armando Rodríguez en La Habana– y tampoco me dio una respuesta a lo que buscaba. Pero hoy en la mañana encuentro este email en mi buzón:

Marlene:

Ayer hablé contigo pero me quedé pensando. Estás buscando algo así como “unívoco” y “biunívoco”. Estos términos se usan para calificar las relaciones entre conjuntos. Por ejemplo considera los conjuntos de los números y sus cuadrados, Cada número tiene un cuadrado y solo uno… el cuadrado de 2 es 4, el de 3 es 9, de manera que se puede decir que la relación de los números con sus cuadrados es unívoca. Sin embargo, no es biunívoca, porque un cuadrado, como 25, puede venir tanto de 5 como de -5. Los conjuntos de padres e hijos, también tienen relación unívoca, en un mundo sin tarros los conjuntos de cónyuges serían biunívocos, pero los conjuntos de hermanos no son ni el uno, ni el otro.

Mandy

En un mundo sin tarros” es una frase que resume porque Mandy era y sigue siendo un excelente profesor.

(Para los lectores no cubanos, me refiero al Diccionario de Americanismos: tarrudo-a: adj/sust. Cu. Referido a persona, cornudo, que sufre infidelidad).

Armando Rodríguez (Mandy) es ante todo un profesor. Siempre le gustó enseñar, pero lo expulsaron de la Universidad de La Habana por razones políticas. Hoy Cuba desaprovecha a este genio y “Mandy” trabaja para la NASA.

“Mandy” inspiró uno de los personajes de mi novela La isla de los pregones: El Loco.

Era un loco genial y lo demostró en la patria de Lenin. Los superiores lo seleccionaron para ir a estudiar a la URSS con el objetivo de elevar sus conocimientos en aquellas y otras técnicas más sofisticadas. Al cabo de cuatro meses en una Academia Militar en las afueras de Odessa, cuando le expusieron con orgullo infantil los detalles de un nuevo cohete anti aéreo diseñado por los ingenieros soviéticos, El Loco con desparpajo declaró:

—¡Ese cohete es una mierda!

Antes de que los osos lanzaran el zarpazo y se lo comieran vivo, El Loco se paró y avanzó resuelto hacia el pizarrón donde comenzó a hacer correcciones a los planos, resolvió algunas ecuaciones y dibujó una parábola muy abierta, para poco después agregar en perfecto ruso:

—Con estos arreglitos ese cohete tiene doble alcance.

Lo abrazaron y besaron —inevitablemente a la usanza rusa—, y un año más tarde estuvo propuesto para recibir una alta condecoración del Ejército Rojo. Este inesperado honor no se le subió a la cabeza, El Loco, como todos los genios creativos, no aceptaba ataduras.

(La anécdota es cierta. No sé si con besos o sin besos).

Presentación de un genio

  

Presentación de “Los robots de Fidel Castro”
por Carlos Alberto Montaner

 

Habla el genio