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En Cuba para graduarse de la universidad era obligatorio —no sé si lo sigue siendo— estudiar los principios de la filosofía marxista y el pretendido “Comunismo científico”, una asignatura ridícula e inútil, que tuve que aprobar y de la que sólo recuerdo aquel solemne apotegma “de cada cual según su capacidad; a cada cual según sus necesidades”.

Yo no he vuelto a hojear a Marx desde los años universitarios y ahora reaparece en mi vida cuando estaba releyendo a The long tail: Why the Future is Selling Less of More, de Chris Anderson, el famoso editor de la revista Wired.

Anderson afirma que Karl Marx fue quizás el profeta original de la llamada economía “Pro-Am”.

Un think tank británico nombrado Demos describió, en un informe publicado en el año 2004, el modo en que se desarrolló la colaboración entre amateurs y científicos para descubrir la primera Supernova, uno de los mayores descubrimientos en astronomía en el siglo XX. A partir de ese hallazgo es que se hizo posible explicar como el universo funciona. Científicos profesionales y amateurs de las ciencias compartieron los créditos por la autoría del nuevo paradigma explicativo. Demos define este hecho como un momento clave en la llegada de una era “Pro-Am”, para indicar el inicio de un estilo de trabajo en que cooperan profesionales y aficionados hombro con hombro.

Como Demos señaló en su informe, Marx sostenía en La ideología alemana, escrito entre 1845 y 1847, que la mano de obra —forzada, no espontánea y asalariada— sería sustituida por la actividad creativa motivada por razones propias y ejercida de forma libre. Con el tiempo, esperaba, habría un momento en que “la producción material dejaría tiempo excedente a cada persona para otras actividades”. Marx evocó una sociedad comunista en la que  “…nadie tendrá una esfera exclusiva de actividad pero cada uno puede llegar a estar realizado en cualquier campo que quiera… para cazar en la mañana, pescar por la tarde, criar ganado en la noche, criticar después de la cena… “.

Hoy un taxista puede publicar un best seller; un adolescente puede hacer un video que tenga más popularidad que un filme de Hollywood; un blogero puede desafiar al The New York Times; un Twitter  anuncia un terremoto antes que CNN. Así que Marx nos lo prometió, pero fue Internet —creada por el espíritu innovador del capitalismo— la que nos lo cumplió.