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La imagen que tenemos de la niñez hoy en día fue labrada en gran parte por el escritor Charles Dickens. Sus personajes nos hicieron comprender que los niños no son pizarras en blanco, ni adultos en miniatura. Si bien Dickens creó nuestra imagen de la infancia, José Luis Romero dibujó en “El hijo del enterrador” un detallado retrato de Barcelona en los años 50s a través de la historia de tres niños en un orfelinato, el Asilo del Port, ubicado entre el puerto y la falda de la montaña de Montjuich.

La prohibición de hablar catalán en lugares públicos, los juegos infantiles –Saltar el Burro, Mosqueo, Calientamanos–, las frugales comidas, las escasas celebraciones —la fiesta de San Juan, el paseo a la playa—, las enfermedades comunes —la tiña y los resfriados— y también las reglas arbitrarias, los castigos inexplicables, el miedo, la confusión y  la soledad de tres niños  son los hilos conductores de esta historia.

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“La letra con sangre entra” repite una de las monjas de las Esclavas del corazón de María. Pero no son “hijos del demonio”  como los recriminaban las monjas. “¿Por qué crees que nos tratan tan mal las monjas?” pregunta uno de ellos.  “Seguro que todo lo que hacen lo hacen por nuestro bien. Para que crezcamos derechos”.

Estos niños tratan de entender el mundo absurdo y cruel en el que viven. Pero no son ingenuos. “¿Si Franco es tan malo por qué hay fotos de él por todas partes? Parece que la gente le quiere mucho” preguntó con impecable lógica Eloy, el niño huérfano a su amigo Jorge Font.

Sin embargo, la “educación católica”, el Catecismo donde tenían que aprender de memoria abstracciones sin comprenderlas no les sirve de mucho. Cuando el padre Pedro les explica cuantas veces había que hacer la señal de la Santa Cruz, “al levantarse por la mañana, al salir de casa, al entrar en la iglesia, al empezar a trabajar, antes de comer, antes de ir a la cama y, sobre todo, al encontrarse ante la tentación de cometer un pecado”. La reacción de Jorge fue  “que si a partir de aquel momento iba a tener que hacer tantas veces la señal de la Santa Cruz, no haría otra cosa más en la vida que estar todo el tiempo santiguándose”.

Pero los niños son sabios: “Lo único que sacó en claro de todo aquello era que no se podía cuestionar nada de lo que explicaba el Catecismo y que no se debía llevar la contraria al padre Pedro”.

Es una historia cruda, basada en una historia real, que me hizo angustiarme por el destino de estos niños.

“El hijo del enterrador” es una de las mejores novelas que he leído en los últimos meses ¡He descubierto a un nuevo Charles Dickens barcelonés!

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Entrevista al autor: José Luis Romero

Tus obras anteriores, las novelas “Siempre quise bailar como el negro de Boney “, “La comisaría del norte” y la radionovela “Pepe Pardo investigador privado” son del género policiaco ¿por qué este giro con “El hijo del enterrador”?

No se trata de exactamente de un giro, mis primeros escritos fueron relatos cortos y cuentos donde los personajes vivían situaciones conmovedoras. “La Yellamma”, por ejemplo, narra la historia de una niña hindú “intocable”, que es elegida por una supuesta diosa, y cuyo destino final es una red mafiosa de prostitución infantil. “Cantos de sirena” es una historia de superación de un pescador que ha perdido a su mujer e hijos en alta mar. Con “El hijo del enterrador” he tenido la oportunidad de relatar una historia que me conmovió; al igual que otros de mis relatos, que lo hicieron con sus lectores. Es una historia real, dura, pero a la vez cordial: la de Jordi Guardiola y sus dos amigos Eloy y Ricardo, en el Asilo del Port, tutelado con mano de hierro por la severa orden de las Esclavas del corazón de María.

¿Qué tipo de violencia hay en “El hijo del enterrador”?

La novela cuenta la violencia que ejercen los más grandes hacia los más pequeños y débiles, incluso hacia los que tienen alguna disminución física o son diferentes, lo que hoy llamamos bulling y que entonces era una práctica normalizada en algunas escuelas de barrios muy humildes; violencia tolerada y consentida, además, por quienes debían imponer el orden y servir de ejemplo, y que también la ejercían sobre los chicos a base de una disciplina excesiva y duros castigos físicos; correctivos que consideraríamos torturas hoy en día.

Esta situación conllevó a que nuestros tres protagonistas se aliaran contra las vicisitudes; Jorge, un niño menudo y de aspecto débil, y Eloy, otro chico que, además de debilidad, padece de cojera, traban una amistad fraternal con Ricardo, un muchacho de igual edad que ellos, pero con el tamaño de un adulto. Ricardo, al que todo el mundo teme, les protegerá de los demás chicos, a cambio, el ingenio de Jorge y de Eloy les proveerá de un sustento extra.

La novela está basada en la vida real de Jordi Guardiola Dumé. Háblame del proceso de creación. ¿Cómo llegó la idea de la novela? ¿Cómo recogiste el testimonio de Jordi? 

He tenido la suerte de poder trabajar con Jordi Guardiola durante cinco años, espacio de tiempo que ha dado para muchas cosas, entre ellas para conocer una periodo de su niñez. Guardiola siempre ha sido un apasionado de la Historia, una persona que acostumbra a encantarte con su forma de relatar. Los detalles que fui conociendo de su estancia en el Asilo del Port y su renuncia al catolicismo, fruto de su desafortunada experiencia con la religión, me llevaron a querer conocer ese interesante episodio de su vida de principio a fin. Así es como nació la idea de esta novela, con las pinceladas del día a día.    

Jordi y yo nos hemos reunido en diversas ocasiones, durante las que me ha explicado, a su ritmo y a su manera, los tres años que pasó en el Asilo del Port. Grabé todos estos encuentros para poder consultar los detalles que Jordi me iba revelando, además le pedí anotaciones de cuanto pudiera recordar, las fotografías que conservara y un dibujo a mano de las instalaciones.

¿Vive todavía Jordi?

Guardiola se ha jubilado hace muy pocos meses y vive felizmente casado en las afueras de Barcelona.

Es una excelente recreación de Barcelona en los años 50, aparte del testimonio de Jordi ¿cómo fue el proceso de investigación?

Trabajé durante cuatro años en el distrito de Sants−Montjuic y pude conocer de primera mano las localizaciones donde transcurren muchas escenas de la novela. También consulté algunos callejeros antiguos, ya que muchas calles y avenidas han sido rebautizadas y ostentan nombres distintos al que llevaban en los años cincuenta. Por otro lado, y gracias a internet, he podido consultar páginas como “La Barcelona olvidada”, un portal lleno de imágenes, donde se puede hacer un auténtico trabajo de documentación. Gracias a esas fotografías he podido introducirme en el ambiente y recrear la Barcelona de los años cincuenta.

Esta es la obra más extensa que has escrito (896 páginas) ¿piensas que se mantendrá el interés a todo lo largo de la lectura?

 “El hijo del enterrador” es un drama social, una novela de personajes cercanos, cuyas aventuras y desventuras conquistan enseguida la empatía del lector, que desea saber en cada página cómo podrán librarse nuestros tres chicos de la cólera de las Esclavas del corazón de María. Al drama en el que viven los niños, que de por sí ya es lo suficiente impactante, se han sumado elementos de ficción que, sin desvirtuar la realidad de la historia, contribuyen con ese halo de misterio que mantiene atrapado al lector.

¿Algo más que quieras decir a los lectores de Eriginal Books?

 A nuestros amigos de Eriginal Books les diría que acompañen a Jorge, Eloy y Ricardo en su travesía, que vivan la historia y que se dejen llevar por ella, que vengan con nosotros al pasado, y que si derraman alguna lágrima, no siempre será por pena. Saludos desde Barcelona.

Gracias José Luis, te repito que disfrute mucho la lectura. He estado dos veces en Barcelona y por supuesto en  Montjuich, y esta novela me ha acercado más a esa ciudad maravillosa.

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