edicion

Todos los expertos coinciden que el mayor error que puede cometer un autor novel es publicar una obra que no haya sido revisada y editada. Son muy pocos los escritores que pudieran darse el lujo de no ser editados: un filólogo o periodista experimentado, tal vez.
¿Por qué es el más grave error?
Lograr que un lector se aventure a “probar” a un autor desconocido es el principal objetivo de un autor novel. No se trata de hacer dinero con esa primera obra, no se trata de recuperar todas las horas invertidas en lograr terminar ese primer libro (producto). Se trata de alcanzar una masa crítica de lectores para esa obra y las futuras. Se trata de conseguir un tipo de lector que le haya gustado tanto tu obra que se convierta en tu primer fan (luego de tu familia y un puñado de amigos).

El libro Bestsellers 2.0 Historias de éxito de Amazon, una breve guía práctica para el autor novel o el independiente, contó con la colaboración de varios autores de éxito. Aquí traigo una de estas contribuciones.

La buena ortografía es como la higiene corporal. Si está presente, no se nota, pero si falta, apesta.

La buena ortografía es como la higiene corporal. Si está presente, no se nota, pero si falta, apesta.

Bestsellers 2.0: Consejos de una editora

Por Teresa Dovalpage

Me han dicho que la mayoría de los editores, y los lectores filtro, decide a las tres páginas si continúa leyendo un manuscrito o si lo tira a la basura. Por pura solidaridad autoral yo trato de llegar hasta la veinte, a no ser que me encuentre más de tres faltas de ortografía por página. Intento ponerme en sintonía con el autor, adivinar qué quiso decir (aunque no lo haya dicho), procuro leer entre líneas y a veces por debajo de ellas. Sin embargo, no puedo dejar de la mano la consideración debida a los lectores. La mayoría de éstos no va a tener la paciencia de esperar hasta la página treinta si el libro no los atrapa desde la segunda o tercera. Tampoco se pondrán a interpretar las intenciones del autor, lo que quiso decir vs. lo que dijo en realidad.

Como editora, tengo el deber de respetar a los autores, de responder a la confianza con la que han puesto en mis manos el fruto de su labor, pero a la vez necesito velar por el derecho de los lectores a recibir un producto que los entretenga y justifique el dinero que han pagado por él. Alcanzar el equilibro entre estos dos puntos constituye un verdadero reto.
A fin de hacer más fácil la vida de mis colegas de ambos bandos (editores y editados, seductores y seducidos), comparto aquí algunas reglas básicas para que los manuscritos no caigan en el cesto de reciclaje o sean defenestrados por la tecla “borrar”:

1. Cuida la ortografía.
No hay nada que ofenda más la vista de un editor que las faltas de ortografía y puntuación. La buena ortografía es como la higiene corporal. Si está presente, no se nota, pero si falta, apesta.

2. Ubica al lector en tiempo y espacio lo antes posible.
Asegúrate de que los personajes sean coherentes y que mantengan el mismo nombre en toda la narración. No te sorprendas: más de una vez he encontrado a un Rogelio que se convierte en Eduardo antes de transmutarse en Pedro… todo en menos de veinte páginas. Esto, además de confundir al lector, es una señal clarísima de que la obra no ha sido revisada.

3. Huye de los clichés.
Las manos blancas como la nieve y las cabelleras negras como el ala de un cuervo están ya mandadas a recoger.

4. Déjalo descansar.
Después de terminar un manuscrito, guárdalo por un tiempo (de dos semanas a un mes) y vuélvelo a leer con la pluma en la mano. Te sorprenderás de las cosas que se te escaparon la primera o hasta la segunda vez que lo revisaste. Escribir es reescribir, ha dicho Donald Murray.

5. Lectores Beta.
Si conoces a alguien que pueda revisar el texto y darte su opinión sincera, aprovecha la oportunidad. Adviértele que te lea sin piedad, como te leerán los editores y los lectores filtro, y no te pongas de mal humor si el veredicto no es totalmente positivo. No tienes que seguir al pie de la letra todos los consejos que te den, pero al menos escúchalos.

Las anteriores son verdades de Perogrullo, con las que no pretendo descubrir el agua tibia (hablando de clichés…), sólo poner mi granito de arena para pavimentar este camino, largo y tortuoso, como dirían Los Beatles, que va de la escritura a la publicación.
Buena suerte.

Teresa Dovalpage

Teresa Dovalpage nació en La Habana y ahora vive en Taos, Nuevo
México.
Tiene un doctorado en literatura latinoamericana y enseña en la
Universidad de Nuevo México. Escribe para el periódico local TaosNews, donde tiene una columna semanal.
Ha publicado seis novelas: A Girl like Che Guevara (Soho Press, 2004), Posesas de La Habana (PurePlay Press, 2004), Muerte de un murciano en La Habana(Anagrama, 2006, finalista del Premio Herralde), El difunto Fidel (Renacimiento, 2011, que ganó el premio Rincón de la Victoria en España en el 2008), Habanera, a Portrait of a Cuban Family (Floricanto Press, 2010) y La Regenta en La Habana (Grupo Edebé) así como las colecciones de cuentos ¡Por Culpa de Candela! (Floricanto Press, 2009), The Astral Plane, Stories of Cuba, the Southwest and Beyond (University of New Orleans Press, 2012) y Llevarás Luto por Franco (Atmósfera Literaria, 2012).

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