Emilio Guede, productor, director, camarógrafo y editor. Cuenta, además, con una amplia experiencia en los campos de la redacción de textos publicitarios y fotografía comercial.

Productor, director, camarógrafo y editor. Cuenta, además, con una amplia experiencia en los campos de la redacción de textos publicitarios y fotografía comercial.

Trabajar con Emilio Guede ha sido todo un reto.  La memoria enciclopédica de Guede me ha dejado en más de una ocasión con la boca abierta. Más de una vez me ha llamado para aclararme algo así: “en el tercer párrafo de la página 547 hay que cambiar 15 de diciembre del 1960, ocurrió en la madrugada del día 16”. Este tipo de memoria me hace temer que voy directamente a los abismos del Alzheimer, o a lo mejor tengo esperanzas y lo que sucede es que Emilio Guede tiene una memoria excepcional, no en balde fue editor de la Enciclopedia de Cuba y la Gran Enciclopedia de Puerto Rico.

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Diseño de portada de Orlando Santiago

El próximo libro de Emilio Guede, Cuba: la revolución que no fue será lanzado en el mes de septiembre en Puerto Rico y Miami.

Guede es un testigo de primer orden, por tener acceso a información privilegiada, de muchas interioridades desconocidas en los primeros tiempos de la revolución castrista. Guede saca a la luz detalles completamente novedosos de hechos históricos que han sido, con frecuencia, tergiversados tanto dentro como fuera de Cuba.

Así puede decirse de cómo murió Camilo Cienfuegos y del juicio por “traición” al comandante Huber Matos. Como también de las maquinaciones de miembros de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) que culminaron con la fracasada invasión de Bahía de Cochinos.

El autor también ofrece un relato detallado del “juicio” al general Arnaldo Ochoa Sánchez, que aclara el misterio del porqué un oficial de máxima graduación, condecorado como héroe nacional por el propio Fidel Castro, es asesinado en el paredón días antes de su esperado nombramiento como jefe del ejército más importante de Cuba.

Se trata de un libro que, en lenguaje veraz y sereno, descubre los crímenes, las simulaciones y engaños de una dictadura que se ha revelado como la más larga e hipócrita de la historia.

Del libro, un breve fragmento:
Revolución y Humanismo

Con motivo de su visita a Estados Unidos, a invitación de la Sociedad Americana de Editores de Periódicos y en un acto masivo en el Parque Central de New York, donde estuve presente, fue que Fidel Castro encontró una oportunidad para llamar la atención sobre la ideología que, según él, prevalecía en el movimiento revolucionario (Capítulo 7). Pretendía atajar las alusiones a la penetración comunista que estaban empezando  a circular. Fue allí, el 24 de abril de 1959, donde planteó por primera vez que la revolución cubana estaba inspirada en lo que llamó humanismo.

 Humanismo —dijo el Comandante— significa justicia social con libertades y derechos humanos. Humanismo significa lo que por democracia se entienda, pero no democracia teórica, sino democracia real, derechos humanos con satisfacción de las necesidades del hombre. Porque sobre el hambre y la miseria se podrá erigir una oligarquía, pero jamás una verdadera democracia. Ni pan sin libertad, ni libertades sin pan. Ni dictaduras de hombres, ni dictaduras de clases, ni dictaduras de grupos, ni dictadura de casta, ni oligarquías de clases. Gobierno de pueblo sin dictadura y sin oligarquía. Libertad con pan, pan sin terror. Ese es el humanismo.

Lo de humanismo,  como  término político, resultaba novedoso para los elementos revolucionarios. No nos parecía asociado a ninguna estructura política ni a fines sociales ni económicos definidos. Cuatro años antes, el psicólogo alemán Erich Fromm había publicado un libro (The Sane Society) donde desarrollaba el concepto de humanismo socialista, obra que ninguno de mis compañeros, ni yo, conocíamos entonces. Pero pudo haber sido la fuente del nuevo nombre que le estaba adjudicando el Comandante a la revolución. Fromm se situaba en un término medio entre el capitalismo y el comunismo soviético: una versión del socialismo democrático donde la libertad fuera el factor rector de la sociedad. No sé si Fidel Castro estaría enterado de las ideas de Fromm o alguien le sugirió lo de humanismo. Lo cierto es que en el Parque Central de New York definió así su revolución, dejando a un lado  lo de socialista que le añadía Fromm.

El humanismo, definido con esa vaguedad, envolvía cierta poesía. Así Fidel Castro salía del paso con generalizaciones muy imprecisas, sin que nadie, a ciencia cierta, supiera qué senderos serían los señalados para hacer realidad lo que sonaba tan bien. La mayoría de la gente quedaría conforme con el concepto.  Y no se preocuparían por ir más allá. Nos parecía (a la militancia del 26) que poner sobre el tapete el tópico del humanismo venía como anillo al dedo para convencer y tranquilizar a los que podían sospechar algo turbio en Fidel Castro, empezando por nosotros mismos. Nos gustaba eso de “Libertad con pan; pan sin terror”.  Ya había una respuesta que podíamos dar para los que cuestionaban hacia dónde iba la revolución. Y nos convertíamos en emisarios involuntarios de una patraña. El argumento del humanismo le permitía a Fidel Castro ganar tiempo mientras mantenía su indefinición del porvenir.

***

Vista de los destrozos causados por la bomba que estalló en Guede Films de Puerto Rico el 2 de septiembre de 1979

Vista de los destrozos causados por la bomba que estalló en Guede Films de Puerto Rico el 2 de septiembre de 1979

Donde dije digo dije diego

En el mismo momento que Fidel Castro estaba en New York hablando de humanismo, Raúl Castro estaba mandando una delegación de alto nivel a la desaparecida URSS para pedir ayuda militar y en “seguridad nacional”. (One Hell of a Gamble: Khrushchev, Castro, and Kennedy, 1958-1964: The Secret History of the Cuban Missile Crisis  de Aleksandr Fursenko y Timothy Naftali).

Esa es la historia de la Revolución que no fue. La adaptación del discurso de acuerdo al interlocutor y a la conveniencia de las circunstancias para que una élite se perpetuara en el poder. Al mismo tiempo que Fidel Castro estaba negociando con Carter las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, mandaba tropas militares a África. En el momento que se iban a levantar las restricciones del embargo, derriba unas avionetas con civiles. Y más recientemente, cuando hacen campañas para que saquen a Cuba de la lista de países terroristas se descubre un barco con armas ¿para Corea?

Así que yo me pregunto: ¿qué nivel de confiabilidad puede tener el representante del Consulado de Cuba en Washington que visitó Miami y prometió que las leyes para que los cubanos inviertan en su país van a cambiar? ¿Se puede confiar en esa gente?