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1905: Una fiesta en los jardines de El Retiro de Madrid por el mayor eclipse solar del siglo XX conduce a un duelo a muerte. A partir de ahí: peligros de encarcelamiento,  exóticos paisajes de selvas y pantanales, mortales enfermedades, tesoros ocultos,  liturgias masones, ritos ancestrales de tribus indígenas, sueños de un chamán chocoe. Pero a pesar de todos estos extravagantes enclaves y la presencia de todo el abanico variopinto de sentimientos humanos, —amor, envidia, amistad, celos, generosidad, avaricia, solidaridad, traición—, EL CRÁNEO DE BALBOA no es una novela de aventuras, no es una novela histórica, no es una novela romántica. Es una novela histórica-aventuras-romántica. Es una novela que no se puede encasillar de manera estrecha en un género específico. Pudiera decir también que es una novela filosófica (¿Qué es la vida? ¿Quiénes somos en realidad?).

Se dice que Alejo Carpentier hizo un boceto de la casa de Sofía y Carlos antes de escribir la novela EL SIGLO DE LAS LUCES. Rafael R. Costa hizo mapas, bocetos de personajes, dibujos de mosquitos,  cálculos matemáticos y recopiló datos, fotos y estadísticas para la novela EL CRÁNEO DE BALBOA. ¿El resultado? Un  magnífico y conmovedor paisaje de Madrid en 1905, la construcción  del canal de Panamá, la fiereza de la selva panameña y los misterios de la masonería.

Boceto de mapa de la construcción del Canal de Panamá de Rafael R. Costa

Boceto de mapa de la construcción del Canal de Panamá de Rafael R. Costa

La novela está escrita en un lenguaje connotativo con una riqueza de vocabulario apabullante. Palabras como acusica, trujamán, umbría,  fátum, vademécum, faústicas, sesteo, castelauros, rostrompuño o  umbromanías están imbricadas en la historia de una manera natural, sin rebuscamientos. No se trata de escritor esnobista que quiere impresionar con el dominio del lenguaje al lector, en Costa la palabra adecuada brota armoniosamente en cada línea. No se ven los costurones de una prosa poco trabajada.

Entre 10 mil a 20 mil palabras es el promedio del vocabulario activo de un europeo, hasta cien mil puede llegar el vocabulario pasivo; aquellas palabras que conocemos pero no usamos. Luego de leer esta novela me he preguntado ¿de cuántas palabras estará constituido el vocabulario activo de Rafael R. Costa? Este escritor juega con las palabras como un niño prodigioso que construye un castillo con bloques de hielo y luego se funden en una aleación narrativa sin igual.

Estudio de los mosquitos y la fiebre amarilla para la novela  El cráneo de Balboa

Estudio de los mosquitos y la fiebre amarilla para la novela El cráneo de Balboa

LOS DETALLES HACEN LA DIFERENCIA

En BERLÍN MELODRAMA se relata con precisión de orfebre las técnicas y dificultades de las primeras operaciones de trasplante de corazón que practica el doctor Lorre. En EL CRÁNEO DE BALBOA la minuciosa descripción de la amputación de una pierna realizada por el médico Leonardo Prado Sandoval te deja sin habla. Luego de leer ese pasaje no tuve más remedio que comunicarme con el autor y preguntarle si había estudiado medicina. Su respuesta —luego de una carcajada— es que había estudiado Filología Hispánica (latín y griego) y también Biblioeconomía.

En el Madrid de 1905, “una peseta y treinta céntimos” era el costo de un viaje en coche hasta el parque de El Retiro. Cuando Ava Hibbard recibe un fonógrafo de regalo, Costa describe: “cada disco tiene dos caras, cada cara una duración de cuatro minutos”. Pero el autor no solo recrea detalles  con maestría, sino también sentimientos: “Tal vez no sucediera en realidad, pero Ava Hibbard oyó al unísono las cien campanas de Ciudad Panamá, el bramar arrullador del Pacífico, de todos los Mares del Sur, el chillar de rabihorcados, gaviotas y charranes, la poderosa garganta de la pluviselva y el hipnótico runrún de un enjambre de mariposas glaciales, el disco de Enrico Caruso y las adoradas palabras de Ray”.

Se ha definido el arte de la descripción como pintura verbal. En ese caso Rafael R. Costa es un sublime pintor de  palabras.  Su narración detallista, con dominio de la alegoría y el simbolismo del lenguaje hacen EL CRÁNEO DE BALBOA una obra maestra y, por si fuera poco, una lectura placentera.

Boceto de los personajes de la novela El cráneo de Balboa

Boceto de los personajes de la novela El cráneo de Balboa

CITAS DE EL CRÁNEO DE BALBOA

Yo no puedo vivir sin leer, y siempre tengo tres libros en mi mesa, uno científico, uno clásico, o bien histórico, y finalmente una novela.

No somos más distintos a lo que nos permite la lotería del nacimiento.

El hombre que balbucea solo, en realidad le está gritando al mundo.

Un verdadero amor libre de deudas, promesas y juramentos.

Todo era tan perfecto que el mundo no tenía más remedio que haber sido originado allí.