Montaje fotográfico de Cecilia Pérez para el sorteo de Lucrecia quiere decir perfidia

Montaje fotográfico de Cecilia Pérez para el sorteo de Lucrecia quiere decir perfidia

Cecilia Pérez es una mujer a la que hay que seguirle los pasos. Lectora voraz y superejecutiva, es la  administradora  del grupo DIVINAS LECTORAS que empezó hace cuatro meses con 60 chicas y ahora suman casi 16 mil amantes  de los libros (aceptan chicos también).

Divinas Lectoras fue creado para recomendar, compartir opiniones, comentar y promocionar cualquier tipo de género literario ya que somos Divinas de la lectura. En este grupo habrán escritoras así que por favor no se permite pedir libros por respeto a ellas. Tampoco se ofende a ningún miembro de este grupo. Pueden poner los libros que van leyendo y recomendarlos. Somos divinas lectoras disfrutemos de nuestra pasión por los libros.

Todo empezó luego que Cecilia Pérez leyó una de las  novelas de la colombiana Isabel Acuña y quiso  saber más sobre la autora. Hoy Cecilia con sus divinas lectoras  organiza sorteos, participa en un programa de radio con Freddy Piedrahita en San Francisco entrevistando escritoras y hace peticiones públicas a editoriales de renombre para que publiquen en papel a novelas publicadas en ediciones electrónicas y que considera que merecen una mayor distribución.

El primer caso de éxito en esas peticiones  fue con la novela erótica Canción para abril de Victoria Ahiar que salió en papel el 12 de mayo de este año por la editorial Booket de Planeta.

Cecilia Pérez en un fotomontaje de promoción para la novela El rastreador de Blanca Miosi

Cecilia Pérez en un fotomontaje de promoción para la novela El rastreador de Blanca Miosi

Ahora Cecilia ha organizado un sorteo para 10 ebooks de  Lucrecia quiere decir perfidia, novela de Chely Lima que está en venta en la Feria de Madrid (Ediciones  Bagua, casilla Distriforma) y que se lanzará en edición de ebook el próximo 4 de junio.

¿Quieres participar y ganar un ebook de Lucrecia ? Inscríbete en Divinas lectoras y busca el sorteo.

¡Oh, Dios, Lucrecia!, maldita y bellísima Lucrecia de mis años mozos, que esperó pacientemente a que sus padres se fueran de viaje, y entonces me llamó a la mansión para que la ayudara a subir unas cajas del sótano. Cuando bajamos juntos a esa oscuridad sofocante en que remataba la escalera, una oscuridad de descenso al infierno, me atropelló contra la pared para morderme los labios.

Lucrecia, malvada Lucrecia, que no me dejaba tocarla mientras me obligaba a tenderme desnudo en el piso polvoriento del sótano, y sacaba de su bolsillo aquel enorme alfiler. Un alfiler de sujetar sombreros de señora. Un alfiler de oro con la cabeza incrustada de ópalos. Un alfiler que punzó todas las zonas delicadas que había en mi cuerpo.

Sangre mía en la punta de aquel alfiler manejado con tanta pericia, que además de dolor me causaba escalofríos de gloria. Sangre mía en la lengua de Lucrecia. Un brillo salvaje en las pupilas de Lucrecia, ahora que se reflejaba en ellos la escasa luz que entraba por el ventanillo, y que yo lograba percibir cuando mis ojos llorosos se habían habituado a la penumbra del sótano.

El recuerdo: la punta del alfiler profanando algún punto de mi piel, y la mano libre de Lucrecia tapándome la boca.

—Llora —me decía bajito—, llora para que pueda oírte, pequeño imbécil.

Y yo lloraba de dolor, de excitación, de amor y de delirio, con la punta del alfiler clavada en la carne que Lucrecia luego lamería.

—¿Te duele? —cuchicheaba con un sonido ronco—. ¿Te duele o tengo que empujarlo hasta la empuñadura?

Varias veces lo hizo, hundió la afilada aguja de oro y le dio vueltas para sentirme sollozar.

¿Quieres saber más de Lucrecia?   Lee aquí

¿Quieres comprar Lucrecia quiere decir perfidia en ebook a precio promocional? Pincha aquí.