un pie en lo alto_2

Sindo  Pacheco acaba de recibir el Premio de la Crítica Literaria 2014 en Cuba por su libro UN PIE EN LO ALTO Y OTRAS ENCERRONAS, publicado por Letras Cubanas.

La primera edición de este libro estuvo a cargo de La Pereza Ediciones en el año 2013, y está disponible en Amazon.  Hoy  Eriginal Books acaba de publicar una nueva edición en Kindle ebook.

UN PIE EN LO ALTO Y OTRAS ENCERRONAS es una colección de cuentos donde el absurdo, atravesado de humor, roza los límites de la provocación. Sus historias exploran esa otra cara de la realidad que permanece siempre muy por debajo de la superficie, donde sus personajes se contentan haciendo como que todo va bien. Al eco mordaz de estos relatos no escapan los seres solitarios, retratados con maestría puntillista, ni las impuestas convenciones sociales en que son atenazados.

A la izquierda la primera edición publicada por La Pereza Ediciones. A la derecha la publicación por Letras Cubanas

A la izquierda la primera edición publicada por La Pereza Ediciones. A la derecha la publicación por Letras Cubanas

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“Mezcle en una coctelera  4 onzas  de Samuel Feijóo, Onelio Jorge Cardoso, Enrique Jardiel Porcela, Julio Cortázar,  2 onzas de Horacio Quiroga, Juan José Arreola y Virgilio Piñera.  Una pizca de Oscar Wilde y Franz Kafka. Adórnelo ligeramente con Chejov y Hemingway. Por último tome a un auténtico guajiro de Cabaiguán -este ingrediente no es sustituible-, vierta lentamente el contenido con el método Pacheco en una copa  de cóctel,  se adorna con una sonrisa o dos y tendrá un buen cuento para vivir del cuento.
En otras palabras, Sindo Pacheco recoge lo mejor de la cuentística universal y cubana y crea su propio lenguaje al escribir un cuento. Y si hay algo mejor en este mundo que leer un cuento de Sindo es escucharlo de su propia voz”.

Marlene Moleon
Eriginal Books

 

“No vivimos del cuento sino que morimos del cuento. Luego del cine, de la radio, de la televisión, de la Internet, la palabra escrita es poco menos que un estigma. Le diría como me decía mi abuela cuando me veía tratando de redactar alguna historia: hijo, deja eso, que te vas a poner mal de la cabeza. Búscate un oficio que te permita vivir, por ejemplo, carpintero. Los carpinteros ganan buen dinero. Ella no decía mucho dinero sino “buen” dinero, una cosa olvidada demasiado pronto. En aquella época, todavía, la calidad del dinero tenía cierto valor de cambio”.

Sindo Pacheco
Premio Casa de la Américas y
Premio de la Crítica Literaria

"... que los cuentos nos ayuden a luchar contra el olvido y a tratar de comprender el incomprensible mundo en que vivimos". Sindo Pacheco

“… que los cuentos nos ayuden a luchar contra el olvido y a tratar de comprender el incomprensible mundo en que vivimos”.
Sindo Pacheco

EL MÉTODO PACHECO PARA ESCRIBIR UN CUENTO
(Fragmento de una entrevista a Teresa Dovalpage)

Según la Internet, la palabra cuento proviene del latín computum (cálculo, computo). O sea: calcular, llevar cuenta. La única diferencia con la matemática es que esta “cuenta”, no se hace con números sino con palabras. Pero indudablemente en los relatos hay que “llevar” la cuenta para que el resultado dé, sea creíble. En mi caso personal, yo relaciono los cuentos con una ecuación algebraica:

a + b = c

donde a corresponde a la introducción, b al desarrollo y c, al desenlace.

Vamos a establecer, por ejemplo, que la cuenta en un buen cuento, no deba ser inferior a 100; la introducción, que corresponde a la letra a, deba tener un valor pequeño, digamos que 1 o 2 o a veces hasta 3 (mientras más pequeña sea la introducción, mucho mejor; las introducciones muy extensas, con valores de 10 o más se hacen sospechosas para el lector y pierden credibilidad).

Ahora pasemos a los siguientes dos incisos que he descubierto en mi forma de concebir el relato.

Inciso a: El autor conoce el final de su historia

El escritor tiene el valor de c igual a 100, el valor de a, que ya señalamos que debía andar bajito: 1 o 2 o 3, así que lo único que faltaría es darle un valor a b de tal modo que la cuenta del cuento funcione. La ecuación quedaría de la manera siguiente:

1 + b = 100

O sea b debe alcanzar un valor lo más cercano a 99 para que el relato convenza, sea verosímil, para que esa entrañable criatura nazca sana y saludable.

Sin embargo pueden ocurrir situaciones dolorosas con el relato, y ese adorado hijo del espíritu es abortado por: número uno: Fatal Desnutrición:

2 + 61 ≠ 100

Falta de información, o justificación, o psicología a los personajes, etc., que hacen que el relato se quede en una hermosísima anécdota.

O: número dos: donde ocurre exactamente lo contrario, que denominaremos SAO (por sus siglas en inglés): Síndrome de Aborto por Obesidad:

3+133 ≠100

Aquí al relato se le ha puesto tanta verborrea, tanta palabrería y hojarasca, tanto bururú barará, que la historia se diluye, naufraga, se ahoga en un proceloso piélago de retórica.

Lo expuesto anteriormente, Teresa, sucede cuando el autor conoce de antemano el final del relato. Ahora podemos pasar al inciso b.

Inciso b El autor no conoce el desenlace

Aquí sucede que el escritor sabe el valor de a (1, 2, 3); pero no sólo desconoce el de b como en el inciso anterior, sino que tampoco tiene el valor de c. En otras palabras, desconoce el desenlace del relato, está más perdido que una vaca en un cine: ignora si va a dar 100 o más (si da menos de 80 hay peligro de aborto). De modo que la ecuación tiene dos variables: b y c, con una sola constante: a (1, 2, 3). La ecuación a + b = c quedaría como sigue:

1 + b = c

Aquí el autor tiene al personaje en su mente y muy pocas cosas más, y comienza a hacer crecer la cuenta del cuento, sumándole acontecimientos, ideas, circunstancias, toda una gama de cosas sin saber claramente hacia donde va la historia. O sea, le va dando valores al término b hasta que el desenlace, si es bueno, aparece por fin sin que apenas se dé cuenta: cae dulcemente en un parto feliz, sin dolor, sin anestesia, sin puntos. Y el relato puede acercarse a resultados tan increíbles y veraces como

1 + 215 = 216 (Poe, Maupassant, Chejov, Hemingway, Borges, Rulfo, Cortázar, y demás).

Esas son las dos variantes en mi manera de concebir el relato.

Inciso c o epílogo

Para resumir, y volviendo al origen de las palabras cuento y cuenta, también podemos añadir lo siguiente:

La cuenta que es “ella”, y se realiza con números “ellos”, siempre se ha explicado con “ellas” las palabras; pero “ellos” los cuentos, que se escriben con “ellas” las palabras”, nunca antes habían sido explicados con “ellos” los números. Eso es lo que he tratado de hacer para que finalmente tanto ellos como ellas vivan felices en su matrimonio de pronombres, para que las nobles criaturas, frutos de esa hermosa relación nos expliquen las cosas que no entendemos de la economía, de la ciencia y de los astros (las cuentas), y para que los cuentos nos ayuden a luchar contra el olvido y a tratar de comprender el incomprensible mundo en que vivimos.