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(Comentario al post de Blanca Miosi ¿Por qué Amazon tiene autores preferidos?)

Uno de los pasatiempos humanos más destructivos es el juego de culpabilizar a otros.

El juego de la culpa ajena ha sido responsable de actos lamentables  de rabia y de una considerable cantidad de frustración e infelicidad humana. El juego consiste en culpar a otros –sean instituciones, personas o incluso la sociedad en su totalidad–  por un hecho o estado de cosas que se considera indeseable, y persistir en ello, en vez de actuar de manera proactiva y  hacer cambios que mejoren o cambien la situación. El eje de este juego se basa en cuatro creencias irracionales:

  1. Si algo ha ido mal (o no del modo que creemos debiera ir), entonces alguien o algo, que no sea yo mismo, debe ser identificado y culpado por causar la situación.
  2. Las supuestas infracciones que atribuyo a esa persona o entidad me relevan de profesarle cualquier respeto.
  3. La culpa que le atribuyo me permite maltratar a esa persona o entidad de diversos modos tales como ignorarla, insultarla y en casos extremos, llegar al asalto físico.
  4. No debo aceptar ninguna responsabilidad porque equivaldría a admitir que sería  merecedor de la misma desaprobación y tratamiento negativo.

LA IRRACIONALIDAD DE LAS CUATRO RECLAMACIONES DEL JUEGO DE LA CULPA  AJENA

Alguien debe siempre ser el culpable

Es evidente que la primera de estas creencias es falsa porque en muchos casos una situación negativa no es siempre culpa de nadie en particular.

De hecho, cuando la gente asume al juego de la culpa como práctica, a menudo piensa de manera  irracional para poder justificar culpar a los demás.

 La pérdida de respeto por el culpable

La segunda creencia del juego de la culpa también es irracional. Aquí no se trata simplemente de decir  “lo que hiciste estuvo mal”.  Más bien se intenta afirmar “usted  es el culpable de mi fracaso” y por lo tanto no es digno de respeto. Esta es una regla cardinal del juego porque si usted aceptase que es culpable de su fracaso entonces, según sus propios valores, sería menos digno de respeto.

Pero, como sabemos, los juegos no siempre son realistas.

Tratar al culpable con falta de respeto

Ignorar al otro al que culpamos de nuestros problemas, atacarlo personalmente e incluso hacer uso de la fuerza contra esa persona o entidad son formas clásicas para alienar a la gente, cerrar la comunicación interpersonal  y de ese modo perder la vía por la que los desacuerdos pueden abordarse racionalmente. El juego de la culpa no tiene por objetivo la resolución constructiva de los desacuerdos; sino apunta a que las personas y entidades que culpabilizamos de nuestros problemas obtengan lo que creemos que merecen. El juego no llega a ninguna parte en la construcción de las relaciones interpersonales. En su lugar, tiende a perpetuar descontento entre todos los interesados.

No hay moscas en

Gran parte de este descontento tiene que ver con la negativa a asumir la responsabilidad personal. La gente comete errores y luego rechazan asumir su cuota de responsabilidad para terminar involucrándose en acciones lamentables. Al no asumir la responsabilidad personal el camino hacia un cambio constructivo queda bloqueado. Esta negativa es pilotada por la creencia de que de alguna manera no está bien cometer errores. Mejor culpar a otros que admitir culpabilidad o responsabilidad. Porque, cometer errores significa de algún modo ser defectuoso y por eso quien incurre en ellos es indigno de respeto.

CÓMO DEJAR DE JUGAR EL JUEGO DE LA CULPA

¿Usted busca a alguien a quien culpar cuando las cosas parecen haber ido mal?¿Tiende a despreciar a la persona que haya marcado como culpable de esa situación? ¿Trata usted (habla o actúa hacia) esta persona o entidad de manera irrespetuosa?

Renuncie a buscar en otros los motivos de su fracaso o errores. La vida cotidiana no es un tribunal de justicia. Pregúntese que ha hecho mal.  Encontrar su responsabilidad es una forma de aprender de sus errores, así como los de los demás. Trate de hacer las cosas mejor, pero tenga en cuenta  que usted vive en un mundo imperfecto. Abrace este universo imperfecto y deje de culpar a la gente por ello.

Hasta aquí me he basado para este comentario en un artículo del Doctor en Psicología Elliot D. Cohen.

EL JUEGO DE LA CULPA AJENA EN LOS AUTORES INDEPENDIENTES

Sin duda hay otros autores que escriben mejor que Blanca Miosi, ella misma lo ha dicho. Sin embargo, Blanca Miosi ha definido un objetivo:  escribir historias que vendan; relatos que obliguen al lector  a seguir leyendo, que lo asombren y le hagan voltear la página.  Lo ha conseguido con constancia: constancia en su presencia en las redes y constancia en seguir escribiendo.

En más de una ocasión he dado consejos a varios autores  sobre cómo podrían elevar sus ventas. “No me interesa” me han contestado algunos.  Han definido que ese no es su objetivo. Algo que considero valido también. Pero entonces  el camino al éxito comercial será más lento e inseguro. Es una opción legítima y  asumida de forma consciente por lo que debe aceptarse la responsabilidad por todo lo que ella conlleve. Menos aun hay que culpar a otros por las ventas escasas.

Y termino con un fragmento de Fernando Trujillo Sanz “Una vez escrito un libro, hay que venderlo” del libro BESTSELLERS 2.0

 Se tiende a creer ―o dar a creer― que la calidad del libro es lo más importante, y este es un argumento que usan mucho tanto escritores, como editores y gente del mundo editorial, pero que yo no comparto. A largo plazo, sí, es cierto que solo la calidad ―pero me refiero a la comercial―, mantendrá a los lectores comprando libros y hablando de ellos. Pero al inicio, cuando absolutamente nadie conoce al autor, la excelencia literaria no es apenas relevante. Una prueba que demuestra esto es que hay libros encabezando las listas de ventas con pésimas opiniones del público, y algunos incluso se mantienen durante mucho tiempo y hasta terminan fichados por una editorial.

Pero volviendo al tema de vender, que es lo que interesa a quien publica un libro, mi experiencia me dice que este es un fenómeno de masas. Hay miles de libros electrónicos y miles de compradores dispersos por todo el mundo. El mercado digital es gigantesco y es evidente que no hay una fórmula que determine el éxito, o los profesionales del mundo editorial ya la habrían encontrado.

El mejor consejo

El mejor consejo que se me ocurre en cuanto a estrategia de ventas es este: si quieres vender libros, escribe libros. Cada libro aumenta las posibilidades y visibilidad del autor. Es ahí donde hay que invertir el tiempo, en escribir. Además, si todas las ventas dependen de un libro, a largo plazo es un riesgo muy grande. Si ese título deja de vender, lo perderás todo. Sin embargo, si las mismas ventas las sostienen 5 o 10 libros, es más complicado que todos dejen de vender. Y lo mejor es que cuanto más escribas, en teoría, mejor lo harás.