Una mansión en Praga, novela de Rocio Castrillo. Portada de Alexia Jorques

Una mansión en Praga, novela de Rocio Castrillo. Portada de Alexia Jorques

Miguel de Unamuno acuñó una palabra, intrahistoria, para definir lo que le ocurre a los seres humanos normales mientras la Historia con mayúscula va haciendo y deshaciendo el tiempo. Intrahistoria es lo que no sale en los periódicos. Esta novela, UNA MANSIÓN EN PRAGA, es un documento de ficción que, dentro de la Historia de esas dos décadas que citaba, teje la intrahistoria de unas personas normales, de ficción pero verosímiles, que es una de las virtudes de la buena literatura. Pirandello decía que la vida está llena de hechos absurdos que no necesitan ser verosímiles porque son reales.

Es esta una historia que transcurre durante esas dos décadas que convulsionaron el mundo durante la transición entre dos siglos. Rocío Castrillo sitúa a algunos de sus personajes en un mundo en el que hay territorios que se debaten en guerras interminables y a otros, en territorios que gozan de la impagable fortuna de la paz. Entre esos dos mundos, a veces demasiado cercanos, hay personas que huyen de uno al otro, casi siempre de la guerra a la paz y casi siempre sin poder encontrarla. Hay otros que necesitan vivir en la guerra para dar al mundo testimonio de lo que ocurre, como el protagonista de esta novela, un pintor que va de guerra en guerra, de batalla en batalla, que se traslada a los frentes para plasmar en sus óleos lo que ven sus ojos. No es tan excepcional esta figura: recordemos que durante la Primera Guerra Mundial el pintor Félix Vallotton pintaba sus cuadros de guerra utilizando este mismo procedimiento). Entre los personajes, también entre los de esta novela, hay unos que solo piensan en la supervivencia y otros que ven en el caos y el desorden la oportunidad para crearse una fortuna, aprovechándose de la corrupción y el pillaje que conllevan las guerras o algunos procesos de transición, como el de la República Checa, donde se sitúa la acción de esta novela.

 

Primera portada de Una mansión en Praga. Indudablemente la cubierta de Alexia Jorques es superior. Una de las ventajas de los autores independientes es tener el control del libro

Primera portada de Una mansión en Praga. Indudablemente la cubierta de Alexia Jorques es superior. Una de las ventajas de los autores independientes es tener el control del libro.

UNA MANSIÓN EN PRAGA muestra en prototipos perfectamente dibujados a algunos de estos personajes y los sitúa alrededor de una historia de amor y de pasiones, de amor apasionado y apasionante. Pero no es ésta una historia de amor romántica al uso, sino la de un amor contaminado por la guerra, un amor que no puede liberar a sus protagonistas de las consecuencias de la violencia y de la locura que la guerra introdujo en sus vidas. Amor y odio conviven en quien ha sufrido las desgracias de la guerra, en quien ha visto espantos difíciles ni siquiera de imaginar y que han influido en su forma de ver el mundo y en sus relaciones amorosas, contaminando el amor con un odio indefinible. Es esta la novelan de una narradora omnisciente, con muchos diálogos, en la que las situaciones se desarrollan intensamente, a veces a velocidad de vértigo.

Pero si hay algo omnisciente a lo largo de la novela es la guerra misma a través de los conflictos de aquellos años. Aunque su protagonista pretenda huir de la guerra se encuentra con ella a cada paso, como un reto que ha de superar, algo que ha dejado en él una marca indeleble de la que necesita liberarse y, aunque parezca contradictorio, lo hace visitando sus escenarios: Yugoslavia, Chechenia, Kosovo, Sierra Leona, Irak, Afganistán… los atentados terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York y los trenes madrileños aquel fatídico 11 M. Alexander Korac, nuestro protagonista, necesita, como Goya, documentar con su arte los desastres de la guerra. Goya era también un pintor de batallas, como nuestro protagonista.

Y es la guerra la que está siempre ahí como una amenaza permanente al amor y a la vida. Porque la guerra siempre ha servido para forjar la Historia. Y para destrozar a los protagonistas de la intrahistoria. En UNA MANSIÓN EN PRAGA está la vida en marcha y la vida detenida, la vida y la muerte. Algunos de los momentos más dramáticos están sacados de vivencias de la autora que al trasladarlas a las páginas de la novela se convierten en un homenaje de amistad al mismo tiempo que se desprende de ciertos demonios, al menos de ciertos sapos. Decía Marianne Moore que una novela debe ofrecernos jardines imaginarios, pero tienen que estar habitados por sapos de verdad: “si los sapos también son de mentira, entonces apaga y vámonos”. Hay en “Una mansión en Praga” jardines imaginarios, ciertamente, pero hay también sapos de verdad.

[ Fragmento de “El pintor de las palabras”, prólogo de FRANCISCO R. PASTORIZA,  crítico literario y profesor de la Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid]

UNA MANSIÓN EN PRAGA  está disponible en Amazon

Rocio Castrillo en Cultura en 24 h, de la Radio y Televisión Española

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