We’ve got five years, stuck on my eyes
Five years, what a surprise
We’ve got five years, my brain hurts a lot
Five years, that’s all we’ve got

David Bowie

Marlene Moleon

¿Qué harías con tu vida si te quedan 5 años?

Si te dijeran que te queda un día, una semana o un mes con vida no hay mucho que hacer. No queda tiempo para grandes proyectos, lo más, despedirte de los seres queridos y dejar listo el papeleo legal que conlleva una muerte.

Pero, ¿qué harías con tu vida si te quedan 5 años? Ese fue el tiempo que me quedaba de vida según el doctor que me sometió a una cirugía en la que el dictamen fue un  “GIST tumor” por las siglas en inglés, gastrointestinal stromal tumor. El pronóstico: cinco años con una quimioterapia oral, un fármaco que impedía el crecimiento de nuevos tumores, pero que te podía abrir huecos en el estómago. Nada halagüeño, pero  tenía cinco años. ¿Qué haría con esos cinco años?

Cinco años es el término presidencial en muchos países. Cinco años es el período para terminar una carrera. Cinco años es el tiempo promedio para un plan de negocios. Cinco años es el ciclo común para desarrollar un proyecto. El número cinco simboliza la gracia de Dios en las Santas Escrituras. En cinco se basa la teoría del feng shui: madera, fuego, tierra, metal y agua.  Cinco bambúes significan las cinco áreas de la vida que representan la riqueza: espiritual, mental, emocional, física e intuitiva. ¿Qué hacer con mis últimos cinco años?

En una de las últimas noches de diciembre del 2015 mientras metabolizaba el significado de la noticia, me pregunté ¿qué haría yo con mis últimos cinco años?

Me sentí dichosa porque con mis últimos cinco años seguiría haciendo lo que hago: descubrir y promocionar buenos libros. Con mis últimos cinco años seguiría escribiendo. Solo agregaría a mis últimos cinco años compartir más tiempo con mi hija.

Leo libros por trabajo y leo libros por placer. Cuando leo libros profesionalmente siempre me pregunto: ¿a qué lector le puede interesar este libro? No está bien decir que un libro es «bueno» o «malo». Un libro será maravilloso para un tipo de lector y un ladrillo insufrible para otro. De ahí la importancia de encontrar el nicho de lectores apropiados para cada libro. «No hay libro tan malo que no tenga algo bueno…» dijo Cervantes en boca de Sansón Carrasco, quién lo tomó prestado de Plinio el joven.

Como crecí en una sociedad totalitaria en la que dictaminaban el más mínimo detalle de mi vida personal, soy absolutamente liberal a la hora de evaluar un libro. De hecho, muchos de los libros que hoy consideramos obras cumbres y clásicos de la literatura en su tiempo fueron obras de entretenimiento y criticados por expertos. Para empezar, Don Quijote de la Mancha fue ante todo una novela de caballería, una obra para entretener en una época en la que la novela estaba mal vista.

Luego de estas reflexiones madrugadoras recibí la buena noticia de que la mala noticia no era cierta. No era un GIST tumor, solo un simple fibroma. Pero creo que la deliberación sirvió para confirmar lo que hace tiempo sabía: la felicidad es hacer lo que se desea y desear lo que se hace.

No tengo una cuenta de seis cifras en el banco, pero mi trabajo me resulta placentero aunque en términos económicos otras actividades pudieran reportarme mayores beneficios. He declinado trabajos porque no me daban satisfacción. Hay personas que viven en el futuro, trabajando en una labor que odian porque piensan que los beneficios vendrán dentro de treinta o cuarenta años. A esas personas les preguntaría ¿qué harías si solo te quedaran cinco años?